jueves, 10 de enero de 2013

El futuro siempre se puede cambiar


Cada paso que decidimos hacer en nuestra vida determina la realidad que conocemos.

[Pausa obligada para interiorizar]

Me explico: Es como si ante cada decisión, por pequeña que sea, se nos presentan diversas puertas alternativas por las que seguir nuestro camino, y la elección de una u otra puerta seleccionada nos da paso, a su vez, a otras diversas puertas posibles para continuar nuestro viaje personal. Y así sucesivamente a cada elección en cualquier área de nuestra vida a lo largo de nuestra existencia fugaz, ya que nuestra vida es un continuo decidir.

Pero aún te diré más: Esta continúa elección, este continúo decidir, al ritmo de nuestro propio respirar, cambia constantemente la realidad que creamos y que da forma a nuestro mundo, ya que las elecciones de cada persona influye en los otros y en la configuración de todo lo conocido. Así es, por si nadie te lo había explicado: ¡Tus decisiones no solo te afectan a ti, sino también al resto!, al igual que el aleteo de una mariposa en Etiopía produce un huracán en Estados Unidos (Teoría del Caos). Es como si al seleccionar una y no otra puerta en nuestra rutina diaria, diera como efecto instantáneo la recombinación de puertas diversas para el conjunto del resto de personas, y a la inversa, redefiniendo continuamente la estructura poliédrica de infinitas puertas de nuestra realidad como en un eterno efecto dominó en un cubo Rúbik.

[Pausa de reflexión]

Ahora ya lo sabes. Este es un hecho que cambia a cada segundo los futuros posibles tanto de las personas como individuos como de la propia humanidad. Sí, como lo lees, no hay futuros absolutos sino futuros posibles, puesto que el futuro siempre es variable dependiendo de las elecciones y, por tanto, no solo se puede cambiar sino que se cambia desde el presente, desde tu/nuestro aquí y ahora. De ahí el dicho ancestral que el futuro comienza hoy.

No obstante, y desde un punto de vista social, para llegar a un llamémosle fin común o futuro común las elecciones individuales diarias de las personas deben de perseguir una misma intencionalidad, para juntos crear de manera sincronizada la realidad elegida. En otras palabras: la suma de las intencionalidades presentes individuales dan como resultado el futuro colectivo del mañana, como los miembros de una piragua que reman todos al mismo ritmo y dirección para alcanzar un destino común. El problema radica cuando la suma de las intencionalidades individuales –motivados por intereses enfrentados- son divergentes, lo que producen futuros sociales altamente inestables e indefinidos, al igual que la imagen distorsionada de un televisor producido por un canal mal sintonizado. Para muestra, un botón: la rabiosa actualidad del denominado mundo occidental con la lucha de grupos sociales de diferentes principios y valores entre los que tienen y los que no tienen, o entre depredadores y presas (licencia de autor).

La buena noticia es que los futuros inestables e indefinidos, propio de la proyección del espacio-tiempo que nos toca vivir, son el prólogo a un salto cualitativo en la historia de la humanidad. Pero para que se produzca ese salto cualitativo, que como el reloj de las montañas no se produce de hoy para mañana sino que necesita de varias generaciones como unidad de medida de tiempo, se requiere alcanzar la masa crítica de futuros intencionados individuales que predomine sobre otras tendencias, al igual que sucede en el caso de la ya conocida teoría evolutiva del mono 101.

Tengamos claro que todo cambia en un eterno fluir (como ya decían los clásicos, continúan manteniendo desde siempre los espiritualistas y abanderan recientemente los cuánticos) y que los poderes y los convencionalismos establecidos que definen los referentes de nuestra realidad son efímeros por su propia naturaleza volátil. Así pues, si nada siempre es nunca así, si no existen futuros absolutos sino futuros posibles, ya es hora que dejemos de tener miedo a los poderes volátiles establecidos y tomar partido por el tipo de futuro que queremos construir a nivel personal y social.

Tuya / Mía / Nuestra es la decisión y, con ella, el legado que dejarás /dejaremos a las futuras generaciones. He aquí una buena motivación para dar sentido a nuestras vidas.

Feliz viaje al cambio de futuro!