domingo, 16 de diciembre de 2012

Para innovar en tiempos de crisis hay que salir a tomar el sol


Innovar es un proceso creativo que surge o bien a partir de un espíritu competitivo o bien desde una situación de necesidad, aunque este último escenario es exponencialmente mucho más proactivo que el primero.

En una situación de crisis económica y de valores como la que estamos viviendo en la actualidad en gran parte de la vieja Europa, y especialmente en España, campo de cultivo de vivencias personales y sociales llenas de necesidad, la innovación surge como una respuesta natural de supervivencia individual y colectiva. Es, en este contexto, que el verbo innovar toma una mayor dimensión social:

Innovar significa despertar del letargo inducido por el aturdimiento del bienestar.
Innovar significa desaprender lo aprendido para reaprender nuevas maneras de hacer.
Innovar significa encontrar soluciones a problemas nuevos.
Innovar significa salir del espacio de confort para entrar en un nuevo territorio con los cinco sentidos bien despiertos.
Innovar significa crear nuevos senderos allí donde no existían
Innovar significa crear nuevas reglas para afrontar nuevos retos.
Innovar significa transgredir las viejas prioridades y sus estructuras.
Innovar significa imaginar lo desconocido.
Innovar significa reinventarse como emprendedores.

Pero, ¿cómo se innova?, podríamos preguntarnos. La respuesta al proceso creativo para innovar se fundamenta en cuatro fases de desarrollo por todos conocidas:

Primera fase: Detectamos qué es lo que no funciona en nuestro universo personal o social.

Segunda fase: Imaginamos cómo nos gustaría que fuese esa parte de la realidad que no funciona.

Tercera fase: Como si fuéramos niños en un bosque que deseamos construir una cabaña, buscamos en nuestro propio bosque particular todo aquello que nos ayude para poderla construir.

Y cuarta fase: Una vez con los elementos necesarios, nos ponemos manos a la obra a crear.

Como vemos, este proceso cuenta con cuatro habilidades fundamentales: conciencia de la situación, poder de imaginación, actitud de búsqueda y voluntad de acción.

Sin lugar a dudas, la fase crítica es la de encontrar aquellos elementos que nos permitan construir la solución imaginada, pues se requiere de paciencia y de mantener la mente abierta a nuevas posibilidades. Por ejemplo, si para realizar nuestro proyecto innovador requerimos de un proveedor determinado y no disponemos de dinero, en vez de buscar nuevo capital en un mercado financiero muy complicado, a lo mejor debemos optar por buscar un profesional que colabore en el proyecto formando parte de él, y si no damos con dichos profesionales que participen sin retribución y por objetivos, quizás debamos dejar de buscar en el mercado laboral tradicional para focalizarnos en las universidades que están llenas de jóvenes altamente preparados con ganas de implicarse en un nuevo e ilusionante proyecto innovador como inversión de futuro. Cuando nos encontramos ante un callejón sin salida, debemos explorar nuevos caminos, cambiando nuestra idea inicial rígida por otras posibles soluciones más flexibles. Un proceso de búsqueda paciente que, al final, confirma lo que reza el refrán: quien la sigue la consigue.

Es cierto que buscar nuevas soluciones en tiempos de crisis implica, en muchos casos, desaprender lo aprendido para aprender nuevas maneras de hacer las cosas. Una actitud mental que requiere de un nivel de autoestima sano, ya que en caso contrario la facultad  innovadora puede perderse a lo largo de una generación entera, a la espera de la llegada de una nueva generación libre de determinismos de patrones de funcionamiento caducos que ya no son viables y que pueden ser la causa de bloqueos mentales colectivos.

La crisis, contrariamente a lo que se puede imaginar, es una gran oportunidad para la innovación. Innovar significa emprender. Y emprender, significa tener confianza en un@ mism@ y en el proceso mágico de la vida, por lo que el estado de ánimo personal, la llamada autoestima, es un factor individual clave para avanzar socialmente.

Si no nos gusta lo que tenemos, salgamos a la calle a innovar. Pero, sobre todo, levantémonos de los sofás, apaguemos los televisores y salgamos a la calle a que nos de el sol. Porque en los rayos del sol, como en todo reencuentro con la parte más natural de la vida, están las vitaminas para sentirnos vivos nuevamente. Y si volvemos a sentirnos vivos habremos recuperado el poder, como seres humanos, de crear una nueva sociedad.