sábado, 3 de noviembre de 2012

No me preocupa la violencia de unos pocos, sino la desesperación de unos muchos

España, a 25 de septiembre del 2012
No me preocupa la imagen internacional del país,
sino la desesperanza de quien ya no tiene para comer o dónde dormir.


No me preocupa si nos manifestamos de lado, de espaldas o frente al Congreso,
sino el descrédito del conjunto de la clase política.


No me preocupa cómo se trata la violencia callejera de unos pocos,
sino cómo se trata la desesperación de muchos.


No me preocupan tanto las cargas policiales,
sino cómo, quién, por qué y desde dónde se legitimiza la orden.


No me preocupa tanto los insurgentes,
sino la manipulación de sus verdaderas identidades.


No me preocupa la complaciente sordera permanente de los políticos,
sino la frustración social que se infecta de rabia.


No me preocupan las quedadas reivindicativas por internet,
sino el miedo irracional a la instauración de una Democracia real.


No me preocupa el desprecio persistente de quienes tienen el dinero y con él el poder,
sino el enraizamiento profundo de la irritación popular.


No me preocupan los procesos constituyentes,
sino la tristeza generalizada por el robo de un futuro ya inexistente.


No me preocupa la arrogancia de quienes defienden el imperio de una democracia judicializada,
sino la salubridad de la generosidad y la solidaridad humana.


No me preocupa la incompetencia de nuestros representantes,
sino la represión a todo planteamiento de modelos alternativos de sociedad.     


No me preocupa que se sitie la Casa del Pueblo por el pueblo,
porque en este pueblo ilustrado reside la soberanía nacional.


Y, no me preocupan las banderas,
sino su uso partidista para camuflar los problemas reales de la indignación general.


Me preocupan los niños que no todos los días pueden desayunar.
Me preocupa el adolescente que no tiene ni para entrar enla Universidad.
Me preocupa el joven sobradamente preparado que no tiene donde trabajar.
Me preocupa la madre que no tiene ni los tres euros diarios para el comedor escolar.
Me preocupa el padre que desesperado espera a que el banco le quite su hogar.
Me preocupa el hermano inmigrante que ya no tiene derecho ni a la enfermedad.
Me preocupa los ancianos que malviven en nuestra tecnomoderna sociedad.   


Y no, no me preocupan sus Señorías,
que viven en una inducida dimensión paralela que no es real, sino soñada,
y ya se sabe que los sueños, al final, sueños son. Feliz despertar!