sábado, 3 de noviembre de 2012

No hay nada inteligente en no ser feliz

Nos han repetido hasta la saciedad                 
-un método efectivo de programación neuronal-,
que para ser feliz hay que gustar a los demás;
que para ser feliz hay que alcanzar el éxito,
ese éxito definido por otros y que, cuando lo piensas, nada tiene que ver contigo;
que para ser feliz hay que dejar de volar en sueños,
para así poder encajar entre aquellos que hace tiempo renegaron de soñar;
que para ser feliz hay que ser competitivo,
y que para ser competitivo hay que ser inteligente;
pero yo te digo, amig@, que no hay nada inteligente en no ser feliz.

Por mucho que tengas de todo,
por muy altas cimas que hayas encumbrado,
por muy ágil que te muestres ante los retos de la vida,
si no eres feliz, no hay nada inteligente en ti.


Por mucho que pienses, no vas a ser más feliz,
porque el camino para alcanzar la felicidad no es la mente, sino el corazón.


La felicidad no es hacer, sino Ser,
porque su fuente no procede de fuera, sino que nace y se derrama desde tu interior.


La felicidad no se compra, sino que se adquiere,
porque su identidad no se reafirma en el estatus profesional, la vida social, o los bienes materiales que se tienen.


La felicidad no es copiar, sino mostrarte auténtic@,
porque repetir es ceder tu poder a los otros y eso solo te aporta un falsa satisfacción con fecha de caducidad.


La felicidad no es gustar a los demás, sino gustarte a ti mism@,
porque las dependencias emocionales solo debilitan peligrosamente tu autoestima.


La felicidad no es correr, sino encontrarse,
porque nadie va a vivir tu vida por ti.


La felicidad no se piensa, sino que se siente,
porque no es un concepto intelectual, sino un estado de conciencia.


Un estado de conciencia que solo se alcanza desde una triple actitud:

La actitud de alerta con un@ mismo,
porque solo así seremos amorosamente vigilantes y sanadores de nuestros pensamientos y sentimientos.


La actitud de perseverancia,
porque solo con la práctica incorporaremos el estado de conciencia anhelado.


Y la actitud de presencia en el momento presente,
porque la presencia es consciencia y la conciencia es presencia.


Y cuando uno ya es consciente,
desde la perseverante presencia de un estado de vigía alerta de su mente y su corazón,
es cuando florece en la intimidad la felicidad en su máxima expresión,
transformando con sus aromas todo aquello que alcanza a su alrededor,
pues nuestro mundo exterior no es más que un reflejo de nuestro mundo interior.


Y es entonces que ya no sólo eres inteligente, por buscar la felicidad,
sino que has encontrado el camino a recorrer de tu sabiduría interior por ser feliz.


Amig@, no hay nada inteligente en no ser feliz,
ya que nadie va a vivir tu vida por ti.