jueves, 8 de noviembre de 2012

El cuento del Reino del Pueblo, sin el pueblo

Érase una vez un reino con tres reyes: el Rey Legislativo, el Rey Judicial y el Rey Militar. Pero ya se sabe que tres es multitud y que en todo reino que se precie solo puede haber una corona. Así que el Rey Legislativo, que es quién tiene las llaves de oro de las arcas del reino y la pluma mágica con la que se escribe las leyes, reconquistó todo el reino a lo largo de treinta años, pero no mediante el asalto a castillos sino a través de estrategias de pasillo en los partidos políticos.

Cuentan los cantares juglares que el Rey Legislativo, en primera instancia, ganó el pulso al Rey Militar, pero no en el campo de batalla, sino mediante el asedio económico a los efectivos de sus fuerzas armadas, reduciéndolas hasta niveles testimoniales, y embriagando con retiros dorados a sus viejos generales.

Cuentan los cantares juglares que el Rey Legislativo, en segundo asalto, ganó batalla al Rey Judicial, pero no en los juzgados, sino entre las costuras de sus propias togas con repunte de jurisprudencia constitucional. Así, es el propio Rey Legislativo quién designa los miembros del Gobierno del Poder Judicial, elige directamente al Fiscal General, y crea o revoca las leyes con las que los jueces deben juzgar.

Cuentan los cantares juglares que el Rey Legislativo, posteriormente, se hubo de enfrentar a un nuevo y joven Rey que también quería de facto reinar, el Rey de los Medios de Comunicación. Y la batalla por tercera vez también ganó, gracias a la feroz carga de caballería de radios y televisiones públicas cuyos consejos de administración designa a discreción, y mediante la compra de voluntades editoriales de los mal denominados independientes medios de comunicación.

Cuentan los cantares juglares que no contento el Rey Legislativo con subyugar al Rey Militar, al Rey Judicial y al pretencioso Rey de los Medios de Comunicación, quiso aumentar su poder absolutista convirtiendo en opaca toda su gestión real para amago y desconocimiento de sus súbditos. Y así, el Rey Legislativo no sólo se negó de manera sistemática a modificar el sistema electoral por uno más directo, participativo y transparente, sino que asaltó las direcciones de las cajas de ahorros de su pueblo para controlar en privado las finanzas territoriales y contentar a sus señores feudales, se hizo con el control del Tribunal de Cuentas - que fiscaliza las cuentas públicas de todo el reino- eligiendo a los miembros de su gobierno, prohibió al Banco del Reino  y a la Agencia Tributaria que facilitasen información confidencial sobre la financiación irregular de sus partidos políticos, e impidió la creación de comisiones de investigación parlamentarias contra sus propios intereses, por poner algunos de los ejemplos que cantan los juglares.

Pero aún hay más, ya que cuentan los mismos cantares juglares que el Rey Legislativo, para poder perpetuarse en el poder, se alió en secreto con la Gran Banca que es quien mueve el mundo con su dinero. Y tanto en así que ésta -poderoso caballero es Don Dinero-, condona deudas financieras a los partidos políticos a cambio de privilegios como el beneficio al indulto a ilustres banqueros, o el derecho de poder continuar desahuciando al pueblo con dinero de las propias arcas del reino, que no es otro que el dinero del mismo pueblo. Y he aquí cuando el reino del Rey Legislativo se convierte, según cantan los juglares, de un reino democrático a una dictadura politocrática.

Mientras tanto, en la corte del Rey Legislativo, formado por castas de políticos que se perpetúan como nobles a través del derecho reservado de entrada en los grandes partidos políticos (con normas de régimen interno sectarias y antidemocráticas), se distribuyen gratis entre sus señorías los ipdas que paga el pueblo, el mismo que agoniza de hambre y duerme desahuciado sin techo en las calles del reino.

Cuentan los cantares juglares que la dictadura politocrática del Rey Legislativo se vio un día truncada, cuando el pueblo del reino -que ya no sentía descrédito por sus cortesanos políticos, sino una profunda indignación social-, se alzó contra ellos para acusarles de administración desleal, estafa, falsedad y apropiación indebida. Un hecho histórico que los juglares cantan como el inició de una nueva era en el reino, a partir del cual destacó por su democracia real, directa y más madura en transparencia y control de la gestión pública, y en el que se restableció la independencia de coronas entre los antiguos tres reyes del reino. Pero ya se sabe que los cuentos, aunque cantados por juglares, cuentos son. Por lo que todo parecido con la realidad es una simple coincidencia.

Y colorín, colorado, este cantar juglar se ha acabado. Fin.