sábado, 3 de noviembre de 2012

El Apoyo, la clave del éxito o del fracaso como padres

Ser padres es una tarea ardua difícil. Pero saber crecer como persona no es menos despreciable, y más en edad infantil y juvenil, una edad clave para la construcción del futuro adulto que, por el contrario, nunca dejará de aprender hasta el último instante de su vida.

Todos queremos lo mejor para nuestros hijos, esto lo damos por sentado. Pero a veces ese sentimiento de responsabilidad puede distorsionarse hasta tal punto que provoca un efecto contrario, ya sea por un exceso de celo proteccionista, ya sea por un mal entendido sentido de la propiedad paternal, ya sea por una deformada gestión de la autoridad, ya sea por un prepotente sentido de la posesión de la verdad, etc. Sea como sea, los pilares fundamentales de un desarrollo sano y equilibrado de nuestros hijos como personas se basan en una adecuada gestión de sus emociones, ya que al final todos somos seres emocionales y ello determina cómo concebimos la realidad más inmediata que nos rodea, y sobre estos cimientos construimos nuestra escala de prioridades y valores a imagen y semejanza.

Nuestros hijos, al contrario de lo que pudiéramos creer, no nos piden que seamos los padres más inteligentes, o que demostremos tener poderes sobrenaturales, o que seamos los más modernos, o los que tenemos mayor éxito social, o que seamos los más ricos, sino lo que nos piden es que les apoyemos en ser como son. Es decir, nuestros hijos lo único que nos piden es que les apoyemos emocionalmente en la toma de sus decisiones que forman parte de su camino de crecimiento como personas, tanto si se equivocan como si no, ya que no hay aprendizaje sin experiencia personal, ni experiencia personal sin el proceso de prueba-error.

Apoyar a nuestros hijos es amor.
Apoyar a nuestros hijos es mostrar generosidad por permitir equivocarse.
Apoyar a nuestros hijos es respetarles como personas.
Apoyar a nuestros hijos es enseñarles a confiar, en ellos mismos y en nosotros como padres.
Apoyar a nuestros hijos es darles la seguridad de sentir que siempre nos tendrán a su lado.
Apoyar a nuestros hijos es ofrecerles la tranquilidad de madurar en un ambiente emocionalmente equilibrado.
Apoyar a nuestros hijos es reafirmarles en su autoestima, ya que justamente no hay mayor éxito como padres que la de reforzar la salubridad de su autoestima para que tengan la capacidad y la voluntad de perseguir y alcanzar sus propios sueños.


Apoyar a nuestros hijos es acompañarles en su evolución como personas, sabiendo que sus gustos y preferencias irán variando en el transcurso del viaje en una búsqueda continua por reencontrarse consigo mismos, sabiendo que nosotros, como padres, no podemos por más que queramos vivir sus vidas por nosotros.

Lo contrario a apoyar es generar distancia, crear recelos, sembrar desconfianzas, explosionar reproches, e incluso construir desprecios que desembocan en la indiferencia. Lo contrario es, con toda probabilidad, un escenario de ruptura dividido por poderosos muros de palabras amasadas con emociones de desamor paterno-filial.

Así pues, a los que somos padres, seamos conscientes que lo único que desean nuestros hijos de nosotros es nuestro apoyo incondicional, pues el amor es incondicional. Y en ellos no cabe la posibilidad de concebir la idea ni remotamente posible de que los dejemos de querer, pues el amor, para todo hijo, es como el aire que necesita para respirar.

Ahora que ya sabemos que el apoyo emocional es la clave del éxito o del fracaso de nuestro papel como padres, en nosotros está la decisión. Nuestra es la responsabilidad, como padres y personas maduras, en vivir hoy la relación con nuestros hijos que determinará nuestros lazos del mañana, y que contribuirá a ayudar a crecer a unos hijos conscientes y seguros de sí mismos que saben quiénes son y qué es lo que esperan y quieren de la vida.