viernes, 16 de noviembre de 2012

Cómo superar el fracaso, en el mundo de la empresa actual

Para superar el fracaso en el mundo de la empresa actual debemos seguir tres pasos bien definidos: desestigmatizar la experiencia del fracaso, rearmar nuestro activo más preciado que es la autoestima, y solo entonces y seguidamente, ponernos manos a la obra para redefinir nuestro modelo empresarial.

En primer lugar debemos entender que el fracaso no es una experiencia a estigmatizar socialmente, como aún es concebido de manera generalizada en nuestra cultura, sino que debemos entenderlo como una experiencia de aprendizaje. Así pues, ¿por qué fracasamos?, la respuesta es bien sencilla: porque es ley de vida. Aprendemos personal y socialmente a través de la experiencia, y no hay experiencia sin el proceso de prueba-error. Por ello hay culturas que conciben la experiencia del fracaso desde una concepción positivista (a los países más emprendedores del planeta me remito, con altas tasas de fracaso empresarial), y otros, como en España, que estamos instaurados en una concepción social negativa del fracaso lo que se traduce en una tasa de emprendedoría de tan sólo el 5%. Y de estos, aquellos que fracasan por primera vez no vuelven a repetir la experiencia en un 62% justamente por ese miedo colectivo a fracasar y, por extensión, a ser estigmatizados socialmente. Como se puede entender, así no hay quién levante un país.

Pero aún hay más, no sólo se fracasa porque es una experiencia de aprendizaje, sino que como ley de vida es denominador común al ser humano en todos los países del mundo. Tanto es así, que el 80% de las empresas del planeta, con independencia de su país de origen, quiebran en sus primeros cinco años de existencia. Dato empírico que nos señala en la dirección de que no sólo es importante enseñar en las facultades a perseguir el éxito, sino que también es clave introducir de manera obligada una materia fija sobre gestión de los fracasos. Pues éxito y fracaso, como vemos, son dos caras de una misma moneda.

Si para aprender debemos experimentar, como ya sabemos, ¿por qué este proceso conlleva implícito la dualidad del éxito-fracaso?. La respuesta la encontramos en la realidad de la naturaleza de nuestro propio universo: porque todo está en continuo cambio y nada, nunca, siempre es igual. Así pues, si toda nuestra realidad está en continua transformación, las personas, como individuos en constante experiencia de aprendizaje, nunca fracasamos, sólo nos transformamos. O, ¿a caso fracasa la oruga al transformarse en mariposa? Bien, para un mundo de referencias sólo de orugas, efectivamente fracasa, puesto que muere como oruga, pero no así para el mundo de las mariposas. Y de igual forma sucede en el mundo empresarial, cuyo universo del mercado está en continuo cambio y evolución, por lo que podemos concebir que la percepción de la experiencia de aprendizaje del fracaso es justamente ese intervalo de tiempo que sucede entre la muerte de una vieja naturaleza (donde nos sentíamos cómodos por ser conocida e incluso controlable) y el renacimiento de otra nueva, renovada y actualizada (que al principio nos parece misteriosa y enigmática).

Entender que el fracaso es una experiencia de aprendizaje, que se fracasa porque es ley de vida, que la percepción del fracaso no es un valor universal sino una concepción profundamente cultural, y que nunca fracasamos sino que nos transformamos, al igual que todo el universo en continuo cambio y evolución, nos permite tener las herramientas necesarias para gestionar emocionalmente de manera adecuada la experiencia del fracaso. Ya que en una concepción social negativa del fracaso, el entorno ataca de manera directa y peligrosa la línea de flotación de todo ser humano: su autoestima. Y con esta herida, pocas son las opciones que tiene una persona para construir un nuevo escenario empresarial, fenómeno bien conocido en la actualidad como el bloqueo psicológico que padecen empresarios, directivos, cuadros intermedios, emprendedores e incluso trabajadores. Ya que todo estado febril de bajo nivel de autoestima es inmune a cualquier inyección de titulitis.

Así pues, una concepción positivista, natural y constructiva del fracaso permite al empresario superar la experiencia gracias a salvaguardar y sanar su autoestima mediante la integración personal de dos procesos de aceptación claves: transmutar intelectualmente la visión negativa que la sociedad tiene del fracaso, y desapegarse emocionalmente de aquellos bienes tangibles e intangibles que hasta la fecha reafirmaban su identidad en un pasado ya inexistente. A partir de aquí, la persona ya está preparada, de nuevo, para poder crear la realidad en la que desea vivir. La oruga se ha transformado en mariposa, y ahora solo toca volar y abrir nuevos horizontes.

Llegados a este punto es cuando podemos ponernos a redefinir nuestro nuevo modelo empresarial, con la experiencia del aprendizaje como bagaje y las fuerzas de emprendedoría renovadas. Sabedores que no podemos hacer lo mismo que hacíamos antes, ya que el mundo, y con él su sistema de referencias, ha cambiado por completo. Y que el nuevo paradigma empresarial viene definido por un universo octagonal clave:

1.-Define tu modelo de éxito empresarial. Persigue el tuyo propio, no el estipulado por otros, y seguramente te sorprenderás al incluir otros factores más allá del beneficio económico.

2.-Diferénciate ofreciendo al mundo lo que sientes que quieres hacer, no lo que piensas que debes hacer. Ya que siendo tú mismo, estarás creando una idea de negocio con un alto valor diferencial, especializado e innovador.

3.-Colabora, no compitas. De esta manera podrás crear estructuras de economía de escala enriquecedoras, sin límite ni fragilidad empresarial.

4.-Sé ligero en tu estructura empresarial, así podrás volar alto y surfear los vientos cambiantes de los mercados.

5.-Sé global, ya que ni la promoción ni los puntos de venta tienen limitaciones de epacio-tiempo en el nuevo mundo de las nuevas tecnologías.

6.-Crea tu mapa del tesoro, y ponte a buscarlo. Puesto que el dinero ya no está en los bancos, sino entre las personas y sus colectivos.

7.-Sé persistente y flexible, ya que el éxito sólo es merecedor de quienes persiguen sus sueños de manera sostenible en el tiempo.

8.-Y, por último, entusiásmate en el proceso, porque sólo así sabrás que has encontrado tu camino, y con ello la fuerza y voluntad necesarias para crear la realidad que quieres vivir.

Ahora que ya sabemos cómo superar el fracaso y alcanzar el éxito en el mundo de la empresa actual, nuestra es la tarea de desaprender lo aprendido para reaprender en el proceso del nuevo viaje que debemos iniciar. Siendo conscientes que sólo dejamos de aprender, y con ello de vivir la experiencia del aprendizaje que llamamos fracaso,  cuando dejamos de respirar. Sabiendo que nuestro mundo exterior es un reflejo de nuestro mundo interior, y que sólo de nosotros depende la construcción de nuestros futuros posibles. Nuestro es el poder, y la responsabilidad, de crear nuestra propia realidad.