martes, 3 de enero de 2012

Regresar a casa, para volver a Ser


A kilómetros de pensamiento de mi hogar, vuelvo a escribir. Hace meses que no escribía, y para mi es como si hubiera estado fuera de casa durante un largo periodo de tiempo, ya que escribir es estar y dedicarse tiempo a uno mism@, es crear un espacio de presencia consigo mism@, que no es más que la puerta de entrada a un estado de conciencia que ilumina con precisión tu situación geovitalestratégica en el mundo en ese justo proceso de tu vida.

Desde que tengo noción de conciencia –y capacidad para escribir-, personalmente la escritura es para mí un método natural de meditación y autosanación, que surge con fuerza como un reclamo periódico del alma a lo largo de mi vida por integrar las experiencias vividas.

Escribir es como volver a casa después de haber deambulado como invitado por múltiples fiestas ajenas, en las que irremediablemente acabas perdiéndote por los sueños, deseos, necesidades, ilusiones y preocupaciones de terceras personas que se cruzan en tu camino no para perderte, sino para enseñarte justamente a aprender a no perderte. He aquí la gran enseñanza: si pierdes tu centro, si pierdes tu autoridad interna, cedes tu poder al mundo y dejas de ser tú para pasar a ser los otros, por lo que dejas de vivir tu propia vida, y esta es justamente la gran prueba continua que nos trae la ajetreada y muchas veces deslumbrante existencia: no dejar de Ser.     

Escribir es regresar a casa y volverte a anclar, desde la luz de la conciencia, a tu Ser. Un anclaje cuyo poder no proviene de la mente, que siempre busca excusas por dejarse perder en el mundo exterior que te rodea bajo múltiples excusas socialmente establecidas, sino que la fuerza incorruptible del anclaje de tu Ser procede desde lo más profundo de tu alma a través del lenguaje no de los pensamientos sino de los sentimientos, y que sólo tú, y nadie más que tú, sabe descifrar su significado mediante el código binario de si te hacen sentir bien o mal frente a la experiencia que estás viviendo. Ese sentimiento, que es el lenguaje de tu alma, es el que pone conciencia a tu vida cuando te permites crear un pequeño espacio para estar sólo contigo mism@. Y esa conciencia es la que te devuelve a la Presencia contigo mism@ y ante el mundo, que es lo mismo que recobrar el sentir de tu verdadera esencia como ser individual que participa de un todo de manera indivisible.

Está claro que cada cual tiene sus caminos para regresar a casa, y poder reencontrarse consigo mism@. Hay quienes vuelven a casa a través de la pintura, otros observando un atardecer frente al mar, paseando por el bosque, leyendo un libro, haciendo yoga o jugando con sus hij@s. Cada cual tiene su propio camino marcado –que puede cambiar y combinarse a lo largo de la vida-, y el mío es la escritura. Y ahora que, de nuevo, ya he regresado a casa, vuelvo a sentirme tranquilo y seguro conmigo mismo, poniendo conciencia sobre las experiencias vividas, sabiendo que nuevamente he vuelto a recordar el aprendizaje, aún en fase de descarga en mi sistema operativo vital, del decálogo de grandes enseñanzas de todo viajero:

1.-Un@ se encuentra en el lugar y con las personas que debe de estar.

2.-El lugar y las personas que son perfectas para ti hoy, no tienen por qué serlo mañana, y aún así todo está bien. (Dramatiza el actor, no el observador)

3.-Un@ no encuentra, sino que aquello que busca lo viene a encontrar. Hay que ser conscientes de lo que realmente buscamos.

4.-Tanto los lugares y las circunstancias como las personas y sus relaciones que experimentamos son las que tienen que ser para nuestro aprendizaje, sabiendo que sólo dejamos de aprender cuando dejamos de respirar.

5.-Un@ actúa de la mejor manera que sabe actuar en cada momento.

6.-Nuestro punto de evolución personal es lo que determina qué debe ser o no debe ser en el aquí y el ahora.

7.-No te preocupes de lo que piense la gente, ellos no van a vivir tu vida por ti. Ocúpate de aprender de las experiencias del camino, y de vivir Siendo.

8.-Cada experiencia es un aprendizaje, tanto si fracasas como si triunfas, que te transforma a cada segundo en la infinita e imparable pasarela del tiempo donde nada nunca siempre es igual.

9.-En cada momento estás donde debes de estar, y no en otro lugar. Y es ahí, justamente, donde debes conectar con el flujo mágico de la vida.

10.-Por último, recordemos que no somos más que el respirar de este justo instante, lo único verdadero que tenemos. Todo lo demás se reduce al no-Ser.

Y en el proceso de integración del eco de esta imperecedera enseñanza universal, fatigado por las aventuras del viaje, vuelvo una vez más a casa con el propósito de volver a Ser, y con el anhelo que en la próxima salida al mundo consiga perderme un poco menos.