lunes, 19 de diciembre de 2011

¿Por qué la mente se convierte en enemiga si forma parte de mí?

Con esta pregunta me levantaba esta mañana en un mensaje privado del facebook. La respuesta, aunque poco conocida, es bien sencilla: 

-Porque los pensamientos de la mente no son tuyos, sino de los otros en ti.

Cuando nacemos salimos al mundo con unas cien mil millones de neuronas, las cuales se organizan en redes neuronales de manera bastante azarosa dependiendo de determinismos genéticos y ambientales, es decir, de los impulsos externos que recibimos ya en el mismo seno materno. Y a medida que vamos creciendo, primero nuestro entorno más inmediato, la familia, y progresivamente el más periférico: la escuela, nuestro círculo de amistades, nuestro ámbito laboral y social, nuestras parejas, etc, van conformando con sus referentes culturales nuestra red neuronal que nos pauta cómo debemos de entender la realidad más inmediata que nos rodea y, por tanto, cómo debemos de reaccionar ante situaciones y experiencias cotidianas. Es decir, nuestra mente se va esculpiendo de manera progresiva y a fuego lento a través de la mente de los demás. En otras palabras, nuestro Yo mental se construye a través del Yo de los otros.

Una pauta mental de comportamiento que, en nuestros primeros años de vida, reforzamos repitiendo aquellas acciones que gustan a los demás. Ya que desde bien pequeños vamos repitiendo las gracias y los comportamientos que son agradables a nuestro entorno, ya que todos deseamos sentirnos queridos y aceptados en el ambiente en el que crecemos como personas.

Así pues, si nuestro Yo mental es el Yo de los otros en el que crecemos, ¿por qué llega un  momento en que sentimos a la mente como nuestra enemiga?... La respuesta la encontramos en el mismo anunciado de la pregunta: porque “sentimos”.

Nos han educado en esta sociedad occidental, hija del pensamiento racionalista cartesiano del s. XVII, que el hombre sólo es mente, intentado negar una parte esencial de nuestra propia naturaleza: nuestro Yo emocional, que es el que siente. Así pues, es nuestro Yo emocional quien, llegado a un punto de nuestra existencia, llega a sentir nuestra propia mente (que es el Yo de los otros) como una enemiga.

Nuestro Yo emocional, cuyo lenguaje son los sentimientos (frente al Yo mental, cuyo lenguaje son los pensamientos), es quien tras un largo período de letargo, fruto de la potente anestesia cultural, despierta y comienza a sentir que la mente le está arrastrando por caminos que no desea viajar.

Es, en este momento de despertar de nuestro corazón, que el Yo emocional siente que, sin darse cuenta, hemos dejado de ser nosotros mismos para ser una réplica de los
demás, que nuestra autoestima está falsamente reforzada al tener una dependencia excesiva de los otros, que nuestra identidad se ha reafirmado de manera peligrosa en la opinión de terceros, y que nuestros miedos, no son más que los miedos de los otros que resuenan con fuerza en nuestra mente.

He aquí, junto al despertar de nuestro Corazón, donde tiene comienzo la verdadera capacidad del libre albedrío.

He aquí, junto al despertar de nuestro Corazón, que redescubrimos el principio del viaje para alcanzar nuestro propósito en la vida: vivir de manera alineada entre mente y corazón. Es decir, existir sintiendo que mente y corazón van a la una.

Llegados a este punto, debemos reeducar nuestra mente, dejando de ser ecos de los otros para vivir en resonancia con nuestro corazón. Sólo así dejaremos de sentir la mente como una enemiga, para reconciliarla como una muy buena amiga.

La buena noticia, es que Tú no eres el/la mism@ desde que comenzaste a leer este artículo (ver: Nunca eres siempre así, así que siempre puedes cambiar). De hecho, nunca puedes pensar dos veces con el mismo cerebro, porque cambia a cada instante. Si algo hay volátil en nuestra estructura biológica, justamente es nuestra mente. Pues las conexiones neuronales no son fijas, sino que se interconectan y desconectan a cada fracción de segundo cada vez que tenemos un pensamiento. Y para modificar esas estructuras neuronales que deseamos desechar de nuestros hábitos mentales, y construir unas de nuevas mucho más acordes y sanas con nuestro momento existencial, tan sólo debemos ponerle atención y voluntad.

He aquí, la receta para convertir tu mente en tu amiga:

1.-No puedes eliminar un pensamiento negativo, pero sí sustituirlo por otro positivo. Como una nube que deja paso a otra.

2.-Para sustituir un pensamiento negativo por otro positivo, debes mantenerte en estado de alerta de conciencia de tus pensamientos a lo largo del día. Es un ejercicio de higiene mental (cuida lo que entra y sale de tu mente).

3.-La mente necesita unos 21 días en modificar una estructura neuronal por otra, así que ponle constancia y verás los resultados.

4.-Cada pensamiento genera un tipo de emoción determinada. Así que si deseas modificar el tipo de sentimiento que tienes ante una situación concreta de tu vida, ya sabes qué hacer: modifica el pensamiento.

5.-Tras ese mes aproximado de práctica mental, mente y corazón estarán alineados, por lo que dejarás de ser víctima del mundo para convertirte en dueño de tu vida, ya que tendrás todo el potencial para alcanzar tus sueños.

Recuerda que tu mundo exterior es un reflejo de tu mundo interior, por lo que si deseas cambiar tu mundo exterior, ya sabes por dónde comenzar.

Y ahora que ya lo sabes, sólo cabe darte la bienvenida a tu renacer!