lunes, 19 de septiembre de 2011

Las 3 verdades fundamentales del fracaso

1.-El fracaso es una experiencia de aprendizaje

El fracaso, en letras mayúsculas, tan sólo es una experiencia. Sí, has oído bien: el fracaso sólo es una experiencia. Una experiencia que nos permite adquirir un aprendizaje y, por tanto, forma parte de la naturaleza humana.

La percepción social positiva o negativa de ese aprendizaje está determinada por la cultura, por lo que ésta puede marcar con fuego a aquella persona que pase por dicha experiencia. Es decir, una persona que pase por la experiencia del fracaso, dependiendo del ambiente cultural en la que viva y se desarrolle, ante los ojos de su sociedad puede ser una persona que está aprendiendo o, por el contrario, puede ser calificado como un inútil y una mancha para la sociedad que sólo trae vergüenza y que, por tanto, hay que esconder. Qué posturas tan divergentes, ¿verdad?. Es como si el fracaso pudiera ser un padre intransigente que ante una equivocación de su hijo le gritara:

-¡Eres un inútil! ¡Es que no vales para nada!-, y acto seguido le castigara indefinidamente.

O, por el contrario, el fracaso puede ser un padre comprensivo que ante una equivocación de su hijo, le pone toda su atención para enseñarle de manera paciente cómo se debe de hacer correctamente para que no vuelva a caer en el mismo error.

Así pues, la persona que experimenta el fracaso en una sociedad abierta y comprensiva, que entiende la experiencia como un proceso de desarrollo personal de la propia persona y a su vez enriquecedor para el conjunto de la comunidad, no va a tener mayores problemas que el aprender de dicha experiencia. El problema lo tiene aquella persona que vive en un entorno que concibe el fracaso como una vergüenza social que hay que castigar en el ámbito público y privado, porque a ésta persona le están atacando de manera directa y sin miramientos su línea de flotación personal: la autoestima.

2.-Fracasamos porque es Ley de Vida

¿Por qué fracasamos?, nos preguntamos. La respuesta es bien sencilla: porque es Ley de Vida. Podemos decirlo más alto, pero no más claro. El fracasar forma parte de nuestro proceso de aprendizaje, y es un denominador común y universal a toda la humanidad.

Tanto es así que, en el mundo de los negocios, en cualquier país que se analice, los expertos han llegado a una misma conclusión: el 80% de las pequeñas y medianas empresas (pymes) fracasan antes de los cinco primeros años, y el 90% del total no llega a los diez años. Y esto pasa en los cinco continentes, sin excepción alguna.

Esta percepción del fracaso como Ley de Vida, y más específicamente como denominador común del ser humano en el ámbito de los negocios por poner un ejemplo, es extensible a cualquier dimensión de nuestra vida, ya sea personal, profesional o social. Podemos estigmatizarnos negativamente ante una experiencia de aprendizaje de fracaso, y congelarnos en ese estado (por imposición cultural, en un ataque frontal directo contra nuestra autoestima), o podemos aprender de la experiencia en positivo para crecer personalmente (trascendiendo esa cultura). ¿Cuántas veces no han escuchado a una persona separada o divorciada, después de varios intentos por experimentar e intentar consolidar una nueva relación sentimental, y con independencia de lo que pueda opinar su entorno: “ahora ya sé lo que quiero y lo que no quiero”?... Eso es sabiduría fruto de la experiencia.

3.-Tú nunca fracasas, sólo te transformas

Si el fracaso es una experiencia que nos permite adquirir un aprendizaje, y a su vez forma parte de la naturaleza humana, la persona que experimenta el fracaso debe trascender de manera individual a esa cultura ambiental que erróneamente le inculca que es un inútil como persona y una vergüenza para su entorno social. El fracaso forma parte de la evolución natural de toda persona, con independencia de las etiquetas que cada cultura intente imponer en un momento histórico concreto, y por tanto limitado.

El primer paso que hay que dar para trascender individualmente a una visión colectiva y cultural sobre el fracaso, es entender que el fracaso forma parte de una transformación personal y natural. Y ese entendimiento, que rompe los muros culturales que nos han impuesto desde el momento incluso anterior a nacer, es una experiencia íntima que la persona inicia en un camino personal en busca de nuevo de la luz de un nuevo día.

Recuerda: Tú nunca fracasas, sólo te transformas en un proceso de crecimiento personal continuo por alcanzar nuevas y mejores versiones renovadas de ti mismo. ¿Cómo no vas a transformarte en un mundo cuya Ley de Vida es la transformación continua, donde nada es siempre igual y todo es impermanente? Así pues, vive fluyendo con los cambios de tu vida, con la libertad y la serenidad de espíritu de un sabio que sabe que todo siempre se transforma y que no existen los fracasos, sólo las experiencias. Ya que conocimiento sin experiencia real solo es inteligencia, algo profundamente humano. Pero conocimiento con experiencia real es sabiduría, algo esencialmente divino. Y quien no experimenta, no se equivoca; por lo que equivocarse, fracasar, forma parte de nuestro camino hacia la sabiduría y la transformación personal.