jueves, 4 de agosto de 2011

Para cambiar el mundo no se necesitan líderes, sino guerreros silenciosos de la luz

¿Sabes cuándo el bosque es bosque?, cuando se juntan suficientes árboles.

¿Sabes cuándo la playa es playa?, cuando se juntan suficientes granos de arena.

¿Sabes cuándo el mar es mar?, cuando se juntan suficientes gotas de agua.

¿Sabes cuándo el cielo estrellado es cielo estrellado?, cuando se juntan suficientes estrellas.

¿Sabes cuándo el poder deja de tener poder?, cuando se juntan muchas personas que ignoran ese poder.

¿Sabes cuándo una sociedad se convierte en una nueva sociedad?, cuando se juntan muchas personas que ven, sienten, piensan y respiran esa nueva sociedad.

Y es que un día, mirando a través de la ventana, entendí que las revoluciones de cambio de conciencia social provocadas desde fuera, siempre son convulsas, violentas, dirigidas por el miedo y caducan como los yogures.

Y otro día entendí, mirando dentro de mí, que las revoluciones de cambio de conciencia personal provocadas desde nuestros interiores, también son convulsas por transmutadoras, pero se manifiestan pacíficas, porque están dirigidas por la luz y el amor, y son profundas como las raíces.

Y entendí que el mundo se puede mover con la fuerza de la violencia, pero no se cambia y crece con ella.

Y que el miedo sólo reina en la oscuridad, hasta que llega alguien y enciende la luz.

Y entendí que ahora ya ha llegado el tiempo en que el mundo sólo se transforma desde el interior de las personas, por mucho que líderes mediáticos, sabios en nómina y Señores de la Economía, estiren hacia otro lado siguiendo el mapa de ruta trazado desde la sala de juntas de algún importante despacho.

Y entendí que la energía del cambio no se puede destruir, porque la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Y entendí que para que la energía se transforme se necesita una masa crítica, al igual que el árbol para convertirse en bosque, y las gotas de agua para convertirse en mar, y los granos de arena para convertirse en playa, y la estrella para convertirse en un firmamento estrellado.

Y entendí que para cambiar el mundo no se necesitan líderes, sino voluntarios anónimos empatizados. Y que esos voluntarios anónimos son guerreros silenciosos que luchan en sus revoluciones personales por alcanzar la luz.

Y entendí que el guerrero silencioso de la luz sabe que su mundo exterior no es más que un reflejo de su mundo interior, y que para cambiar aquel externo, primero hay que transformar el propio interno.

Por ello no me preocupan los movimientos de cambio de consciencia social sin líderes, ni el tiempo que la energía del cambio necesite para transformar el mundo, sino encontrarme con esos voluntarios anónimos, guerreros silenciosos de la luz, y disfrutar juntos del bello viaje de la vida, donde el fin es el propio camino al reencuentro de nuestra verdadera esencia.

Así pues, ¿sabes cuándo la luz ilumina todo de luz?,  cuando se juntan suficientes guerreros silenciosos de luz para convertirse en peregrinos del mismo camino.