lunes, 25 de julio de 2011

Enciende la luz y pongámonos a construir

Quién me iba a decir que vería cómo los ricos ya no compran empresas, sino países, con el consentimiento público de todos.

Quién me iba a decir que vería cómo los poderosos alargan pobrezas, para comprar servidumbres, con grandes titulares de telediarios.

Quién me iba a decir que vería cómo se recortan derechos, sólo entre los más débiles.

Quién me iba a decir que vería cómo el Estado de Bienestar Social es cada vez menos social y se vive con mayor malestar.

(Recuerdo cuando era más joven que estudié en Derecho ese estado idílico, así que propongo, ahora que aún lo guardamos en la memoria, que pase a estudiarse en las Facultades de Historia).

Quién me iba a decir que vería cómo las penalidades de muchos, por poder sobrevivir en el día a día, es inversión financiera segura de unos pocos.

Quién me iba a decir que vería cómo los medios de información ya no informan, sino que adoctrinan.

Quién me iba a decir qué vería cómo las estrategias de las políticas internacionales ya no son, aún por muy argumentadas, creíbles ni aceptables por inhumanas.

Quién me iba a decir que vería cómo nuestros abuelos tiemblan, por temor a perder la pensión mínima que les sustenta.

Quién me iba a decir que vería cómo una familia se prejubila resignada a los cincuenta, en plena flor aún de su vida, por imposibilidad de encontrar un nuevo puesto de trabajo e ilusionarse por un nuevo día.

Quién me iba a decir que vería cómo los jóvenes, sobradamente preparados, aún permanecen en casa de sus padres cumplidos los treinta y largos.

Quién me iba a decir que ya no debo correr porque ya no hay urgencias, ni siquiera médicas.

Quién me iba a decir que vería cómo las columnas de la sociedad que me resguardan se deshacen a trozos, y con ellas su castillo de creencias.

Quién me iba a decir que vería cómo hay que ver de otra manera.

Quién me iba a decir que vería cómo hay que pensar de otra manera.

De sentir de otra manera.

Porque necesitamos nuevas ideas. Nuevas manera de ver, de pensar y de sentir.

Porque necesitamos volver a construir, para volver a ilusionarnos.

Saquemos los sueños de nuestro baúl olvidado, y arrinconando el miedo, los prejuicios y las bajas autoestimas (todos ellos engaños de algún reciente y malicioso pasado), volvamos a reinventar el mundo porque necesitamos un nuevo día.

Allí donde se hace la luz, ya no hay cabida para las sombras del egoísmo, la manipulación y la codicia de creencias marchitas que sólo limitan.

Allí donde se hace la luz se abre el horizonte, donde las personas tienen alas y vuelan alto con los vientos dulces que soplan desde los cuatro puntos cardinales.

Allí donde se hace la luz, todos nos sentimos libres e ilimitados. Todo es posible, incluso alcanzar el sol del cielo con la mano.

Pero no busques la luz en el exterior, porque reside en tu interior. Tu poder no está fuera, sino dentro de ti. Por eso tú vales mucho, que no te digan lo contrario.

Y ahora que ya lo sabes, no pierdas ni un segundo, enciende amig@ tu luz y cambia el mundo.

Hágase la Luz, porque necesitamos juntar las manos para volver a construir.