martes, 19 de julio de 2011

Desahuciar una familia en paro y con un niño autista es legal, pero inhumano

Acabo de leer horrorizado que la banca quiere desahuciar a una familia en paro con un niño autista. Será legal, sí, pero es inhumano.

El grande, ostentosamente fuerte y poderoso, hace de Estado y envía a su guardia (que la pagamos con los impuestos de todos) para quitar al pobre aquello que ya no tiene. Será legal, sí, pero es inhumano.

Me pregunto qué hay detrás de los ojos del banquero que mira cómo su propia mano firma el desahucio.

Me pregunto qué hay detrás de los ojos del juez que mira cómo su propia mano firma la autorización del desahucio.

Me pregunto qué hay detrás de los ojos del policía que mira cómo su propia mano ejecuta el desahucio.

Me pregunto qué hay detrás de esos ojos…

Me pregunto qué hay detrás de los ojos de los políticos que no miran cómo se firma, autoriza y ejecuta el desahucio, porque miran hacia otro lado.

Será legal, sí, pero es inhumano.

Lo grave no es que la Justicia esté ciega, porque hace mucho que los ojos se los vendaron, sino que –sin que nadie nos hubiéramos dado cuenta-, ahora ya es cierto el rumor de que el corazón hace tiempo que se lo robaron.

Necesitamos menos leyes, frías e insensibles como el fino cuchillo de un cirujano, y más corazón, dulce, cálido y amoroso como un agradable abrazo en un día soleado.

Necesitamos menos piratas, como aquellos que nos atracan con altos intereses sin arrugar la corbata, y más personas francas, sencillas y solidarias que les guste compartir su mochila alrededor de una espontánea fogata.

Necesitamos menos policías, hipnotizados bajo las órdenes de sus amos que han perdido la cordura de la vida por la droga de la codicia, y más voluntarios que planten flores y las rieguen cada día para regalarlas a los insumisos de las injusticias.

Necesitamos menos políticos, engominados hasta las sienes, malabaristas de los engaños y de opacos intereses, y más ciudadanos despeinados y comprometidos con una gestión pública sensible, solidaria, humana, cooperativa y transparente.

Necesitamos más corazón, y menos leyes. Más corazón, y menos economía.

Necesitamos más corazón para gritar bien fuerte que a mi ésta legalidad, por injusta e inhumana, no me sirve y la creo ilegítima.

Necesitamos más corazón y más valentía.

Me pregunto qué mundo ven  los ojos de la familia en paro con un niño autista, al ver que son desahuciados. Me pregunto qué ven…, en un mundo donde sobran casas vacías y los bancos siguen ganando beneficios multimillonarios.

Y entre las preguntas que me hago y un sentir profundo de injusticia humana que me eriza la piel, por mucho que las leyes y la economía me intenten convencer de lo contrario con sus doctos catedráticos que complican lo simple para parecerse más sabios, sólo estoy convencido de una cosa: y es que necesitamos más corazón, más sentimiento, más emoción, si queremos limpiar nuestras retinas para poder ver la esperanza de ser cada día más humanos.

Necesitamos más corazón para iluminar un nuevo día donde soplen vientos alegres, de sabores de mil colores y besos llenos de risas.

Necesitamos más corazón, porque en él habita la valentía.