domingo, 15 de abril de 2018

El Gat Turquesa (conte a quatre mans)


(Relat breu a quatre mans amb la meva filla Ariadna d'11 anys, fruit d'un joc que consistia a escriure una frase alternativa cadascú, reflex de la imaginació del moment, fins a crear una petita història d'una tirada)

N'era una vegada una ciutat amb arbres als carres dels que penjaven piruletes de tots els colors i sabors. Els cotxes eren núvols i les cases eren de xuxes. Cada una de les persones tenien un poder diferent. Entre totes elles, destacava una noia amb cabells blaus i pell molt blanquinosa, tant, que quan li tocava la llum del sol semblava un mirall il·luminat. Ella era especial perquè tenia més d'un poder, però ella no ho sabia.

Un dia el cel es va ennuvolar, i les piruletes que penjaven dels arbres van començar a palpitar com si fossin cucs de seda de colors, dels que varen sortir papallones de caramel. Tota la ciutat es va quedar al·lucinant perquè era la primera vegada que passava, i la noia va decidir atrapar una papallona i quedar-se-la com una mascota. Però de sobte, va veure que si tocava la papallona, ella mateixa es convertia en papallona. I és quan va esbrinar que tenia més d'un poder. Era un poder màgic que li venia per haver nascut sota els estels del firmament una nit on el cel no era negre, sinó de color turquesa. Un esdeveniment que només passava una vegada al llarg de milers d'anys.

La noia va anar tocant coses i s'anava convertir en aquelles coses que tocava. Aleshores se'n va enrecordar que sempre havia volgut ser un gat, per el que va sortir al carrer a buscar un gat al que tocar per poder convertir-se. Mentre el buscava va caure dins d'un forat, va obrir els ulls i no hi havia res al seu voltant. De sobte, des de darrere dels arbres va començar a sortir gent, que era gent que també tenia més d'un poder. Totes aquelles persones, d'una o una altra manera, van anar a parar a aquell forat del què s'amagaven de la resta de gent de la ciutat, ja que amb els seus poders diversos eren capaços de crear un món nou a la seva manera.

La noia, aleshores, va descobrir que només dient la paraula gat es convertia en un gat, i que no necessitava tocar-lo. Durant un temps es va quedar a viure al nou món que havia descobert al forat, però no amb de forma de noia, sinó amb forma de gat. Però no com un gat qualsevol, sinó que era un gat que podia volar i camuflar-se. El seu pel canviava de color depenent de com se sentia a cada moment de dia. I el cert és que vivia feliç, però trobava a faltar les olors dels carres de la seva ciutat amb els arbres de piruletes. Llavors, un dia va sortir del forat i es va trobar una nena petita acompanyada de la seva mare. I la nena petita va preguntar a la seva mare si se'l podien quedar, perquè la noia encara tenia forma de gat. La noia va intentar dir-los que no era un gat, sinó una noia, però com el cel ja no estava ennuvolat ja no tenia el poder de transformació, per el que només sortia miols de la seva boca. Però la nena continuava feliç, perquè sempre havia volgut ser un gat. Així que si alguna vegada veieu un gat pel carrer de color turquesa, que sapigueu que en veritat és una noia que va complir el seu sommi de viure com un gat. I conte contat, aquest conte ja ha miulat.


Ariadna Mármol Padró / Jesús A.Mármol
Tarragona, a vuit dies de la festivitat de Sant Jordi de 2018


Nota: Imatge de gat mandala acolorit per l'Ariadna

jueves, 12 de abril de 2018

“Crónicas del nubarrón independentista”, ebook de regalo del filósofo efímero Jesús A. Mármol para este Sant Jordi 2018


Aunque se intente, nadie puede sustraerse en Cataluña de la realidad política que acontece y
que, aun sin quererlo, afecta al día a día de nuestras vidas. Una deriva política del movimiento independentista catalán que si bien esprintó hace ya cuatro años atrás, es justamente en estos últimos nueve meses que ha cogido velocidad de crucero convulsionando al conjunto de la sociedad. Una intensidad de movimiento político cuya onda expansiva no solo ha afectado negativamente a la economía catalana, así como a la imagen exterior de España como país, sino que incluso ha generado una brecha en la convivencia social entre catalanes llegando incluso a incendiar las calles en momentos puntas del conflictivo relato político.

Esta breve obra (en formato ebook) no es más que la recopilación cronológica de artículos de reflexión personal de la experiencia política vivida y sufrida en Cataluña en los últimos tiempos, desde la doble vertiente subjetiva, por un lado, como ciudadano español nacido y residente en Cataluña, y desde la vertiente objetiva (en su intento), por otro lado, como filósofo con licencia de libre y crítico pensador. Una recopilación de reflexiones personales, publicadas a golpe de actualidad político-social en mi blog personal, cuyo corpus lo eleva a categoría de crónicas.

Debo apuntar que el título de la obra “Crónicas del nubarrón independentista” es una aportación de valor de mi pareja Teresa Mas de Roda, cuya acertada calificación como “nubarrón” al movimiento independentista pone en relieve nuestro deseo de que el momento histórico que estamos viviendo sea pasajero para la joven democracia española. Más allá de lo expuesto, esta pequeña obra nace con el objetivo de presentarse como un humilde regalo en el día del libro (festividad de Sant Jordi) para las personas más allegadas de nuestro círculo de relaciones personales (ya sean físicas o virtuales).

A la espera que sea de vuestro agrado, o al menos de interés, os invito a descargaros gratuitamente el ebook, en este Sant Jordi de 2018.

Jesús A. Mármol
El Filósofo Efímero
FICHA TÉCNICA

Título: Crónicas del nubarrón independentista
Autor: Jesús A. Mármol
Edición: Abril 2018
Formato: Ebook, A4
Páginas: 50

sábado, 7 de abril de 2018

Los 8 vértices desalineados del cisma independentista catalán en su multiuniverso


Afrontar racionalmente el cisma independentista catalán, sentimientos a parte y a estas alturas del relato (interminable, y por ende agotador), es equiparable a analizar una estructura espacio-temporal (es decir, corpórea y en continua evolución) caracterizada por ocho vértices vertebradores, que se replica en tres universos distintos pero coexistentes entre sí donde los vértices entre una y otras estructuras dimensionales no están alineados.

Los universos donde coexiste la réplica no alineada del cuerpo del cisma independentista catalán son: el universo del Estado Español, el universo de los independentistas catalanes, y el universo del resto de los países miembros de la UE implicados. Veamos, desde el enfoque de los diversos universos interrelacionados, la conceptualización de los ocho vértices vertebradores de la estructura objeto de observación:

1er vértice: Democracia
-U. Estado Español: Dícese de la organización política basada en la soberanía del pueblo y sujeta a una Ley rectora consensuada.
-U. Independentismo catalán: Dícese de la organización política basada en la soberanía diferencial autoconcedida de una parte del pueblo y sujeta a una Ley ex profeso.
-U. UE: Dícese de la organización política basada en la soberanía del pueblo y sujeta a una Ley rectora consensuada, con tantas variantes subtipológicas como estados miembros comparten la zona UE.

2o vértice: Libertad
-U. Estado Español: Facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad democrática sujeta a Ley (ordenamiento jurídico del país).
-U. Independentismo catalán: Facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad democrática sujeta a criterios políticos por encima de la Ley (ordenamiento jurídico del país).
-U. UE: Facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad democrática sujeta a la Ley, conforme a la soberanía nacional de cada país miembro de la UE.

3er vértice: Constitución
-U. Estado Español: Ley rectora fundamental del Estado español, de la que depende el resto del ordenamiento jurídico del país que organiza el sistema político democrático.
-U. Independentismo catalán: 1.-Una ley a ignorar (la Constitución del Estado Español) por entrar en conflicto directo con su concepto de democracia y libertad particular. 2.-Una Ley rectora fundamental (la Constitución del Estado surgido del Independentismo Catalán) a crear en un proceso constituyente propio y diferencial para normalizar su concepto de democracia y libertad particular.
-U. UE: Ley rectora fundamental y diferencial de cada Estado miembro de la UE, base de las diferentes soberanías nacionales, sujeta a modificaciones excepcionales bajo principios de interés económico común de la euro zona.

4o vértice: Política
-U. Estado Español: El ejercicio de las res publica del país dentro de un sistema de organización democrática y de Derecho sujeto a la Ley rectora de la Constitución.
-U. Independentismo catalán: Un medio, a espaldas de la Constitución del Estado Español, para alcanzar como fin la independencia de un Estado propio catalán.
-U. UE: 1.-A nivel colectivo: la imposición de los intereses del país más fuerte económicamente. 2.-A nivel particular: la reafirmación de la naturaleza política, jurídica y social de cada país miembro.

5o vértice: Justicia
-U. Estado Español: La aplicación del conjunto de normas que constituyen el ordenamiento jurídico español, dentro del Estado social y democrático de Derecho constituido (art. 1 de la Constitución), mediante el poder judicial en un estado de división de poderes respecto al ejecutivo y legislativo.
-U. Independentismo catalán: La ejecución de las aspiraciones políticas del independentismo catalán, concibiendo como injusticia toda aquella otra norma jurídica aplicada en sentido opuesto, concentrando para ello en el poder ejecutivo a los poderes legislativo y judicial.
-U. UE: La aplicación del conjunto de normas diferenciales que constituyen el ordenamiento jurídico de cada país, en detrimento del espíritu de un espacio jurídico común para la zona UE.

6o vértice: Violencia
-U. Estado Español: Toda manifestación que atenta contra los fundamentos rectores de un Estado social y democrático de Derecho, la soberanía nacional que reside en el conjunto del pueblo español, y la indisolubre unidad de la Nación española (Títulos preliminares 1 y 2 de la Constitución), recogidos en los diversos delitos tipificados en el ordenamiento jurídico español.
-U. Independentismo catalán: Toda manifestación del Estado Español por defender sus fundamentos rectores de un Estado social y democrático de Derecho, la soberanía nacional que reside en el conjunto del pueblo español, y la indisolubre unidad de la Nación española, como respuesta a las acciones secesionistas del movimiento independentista catalán.
-U. UE: Término relativo dependiendo del país observador: Si afecta a terceros no es violencia, si me afecta a mí es violencia. En ambos casos, paradójicamente, se aplica la fuerza de la Ley.

7o vértice: Euroorden
-U. Estado Español: Solicitud estandar (y por tanto normalizada desde su aprobación en 2002 como Decisión marco por el Consejo de la Unión Europea) de detención europea de una autoridad judicial de un Estado miembro de la UE que presenta a otro país para que detenga y entregue a una persona para su enjuiciamiento o para el cumplimiento de una condena, sobre la base de la cooperación judicial normal entre estados democráticos iguales europeos, sin interferencias jurídicas ajenas a excepción de causas de amnistía, causa juzgada en país tercero o menoría de edad del requerido.
-U. Independentismo catalán: 1.-Ángulos ciegos para el ordenamiento jurídico español, con el objetivo de burlar la Justicia del Estado social y democrático de Derecho español. 2.-Estrategia política de internacionalización de las aspiraciones independentistas catalanas.
-U. UE: 1.-Reafirmación de que el proceso de extradición viene determinado en función de la legislación vigente del país receptor de la euroorden. 2.-Manifestación de la inexistencia de una unión jurídica en la zona UE. 3.-Menosprecio de la UE al ordenamiento jurídico español, haciéndolo inútil e inservible fuera de las fronteras del Estado español.

8o vértice: Unión Europea
-U. Estado Español: 1.-Espacio estratégico geopolítico en una economía de mercado global. 2.-Zona de pérdida de soberanía nacional en materia política, económica y jurídica.
-U. Independentismo catalán: 1.-Orbe institucional superior para la ampliación del ciclo de vida de las aspiraciones políticas del movimiento secesionista catalán. 2.-Laberinto de huída frente a la fuerza legítima de los poderes del Estado español en su defensa contra el ataque a su ordenamiento jurídico y su indisolublidad del territorio nacional.
-U. UE: Espacio de unión ficticia donde cada país miembro mira por sus intereses particulares y donde prima el poder del más fuerte.

Como podemos observar, la alineación de los vértices de la estructura octogonal (no regular) espacio-temporal del cisma independentista catalán en sus diversos universos coexistentes no resulta nada fácil. Y no soy yo apto para dar ninguna solución racional. No obstante, desde un punto de vista emocional, y usando mi derecho de licencia de autor de este pequeño artículo efímero, sí que manifestaré que como español -nacido y residente en Cataluña- me siento cabreado por el continuo desplante y enfrentamiento del movimiento independentista catalán (con Puigdemont a la cabeza) y de la ofensa por parte de países de la Unión Europea como Bélgica y Alemania. Y sin complejos reivindico la autoridad moral (y por extensión jurídica y política) de centripitar la alineación de los diversos universos coexistentes, en el caso que nos ocupa, en la lógica de los vértices del universo de un Estado como el español que, desde su origen milenario, ha sido constructor fundamental en la Europa que hemos heredado. Dixit!


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

miércoles, 4 de abril de 2018

Sin capacitación en gestión del conocimiento no hay Principio de Oportunidad que valga


El mundo lo podemos dividir, desde un punto de vista mercantilista, en sociedades abiertas y sociedades cerradas. Las sociedades abiertas son aquellas donde el Principio de Oportunidad es un valor social adquirido de pleno derecho para beneficio de sus ciudadanos, lo cual permite a una persona desarrollarse profesionalmente con independencia de su clase social, versus a las sociedades cerradas donde el Principio de Oportunidad queda restringido para beneficio exclusivo de un grupo social determinado por razones políticas, religiosas o de linaje familiar. Las sociedades abiertas buscan el desarrollo del conjunto de su comunidad, mientras que las sociedades cerradas buscan el mantenimiento del status quo de una clase social privilegiada. Las sociedades abiertas, asimismo, participan de un desarrollado espíritu democrático y de Estado de Bienestar Social, al contrario de las sociedades cerradas cuya organización política no garantiza los preceptos rectores de un sistema democrático y, por extensión, carecen de un Estado de Bienestar Social que garantice las prestaciones sociales mínimas para la dignidad de la vida humana del conjunto de sus ciudadanos.

Expuesta la dualidad tipológica de sociedades que marca la diferencia entre el primer mundo y el resto, cabe apuntar que el Principio de Oportunidad no solo es un derecho adquirido para los ciudadanos de las sociedades abiertas, sino que representa una necesidad para el sostenimiento de dichas sociedades (a las que denominamos como modernas), ya que al fundamentarse éstas sobre sistemas organizativos de Bienestar Social requieren del activo humano de todos sus miembros para poder mantener los costes sociales del modelo de Estado. O dicho de otra manera, las sociedades basadas en el Estado del Bienestar Social (sistema económico en el que el Estado asume la responsabilidad y la prestación de un gran número de servicios, como educación o sanidad, de forma poco indiscriminada y sin coste prácticamente para el destinatario directo de los mismos), requiere que sus ciudadanos generen una economía productiva sana que pueda costear los gastos derivados de dicho modelo de Estado del Bienestar Social. En este sentido, y como dato representativo, en la España de 2018 la partida del Estado destinada a las pensiones (de vejez, de invalidez y de sobrevivencia) representan el 41 por ciento del total del presupuesto del país.

A ello debemos sumarle el hecho que las economías que mantienen los Estados de Bienestar Social se circunscriben en la lógica de una economía de mercado (más o menos liberal) y de marcado carácter global, dentro de un escenario contemporáneo de la Cuarta Era de la Revolución Industrial caracterizada por generar cambios de mercado, y por extensión sociales (ya que afectan de manera directa e inmediata al mercado laboral y a la vida cotidiana de las personas), en continua y veloz transformación. Un engranaje de economía de mercado altamente competitivo que requiere de una adaptación continua de las economías productivas de los países. Y ya sabemos que la única manera para ser competitivos, y no quebrar el sistema del Bienestar Social, es a través de crear procesos innovadores capaces de hacer frente a los nuevos retos que depara el mercado. Siendo, en primera y última instancia, tanto los elementos nucleares de las economías productivas de un país, como los generadores de procesos innovadores, no otros más que las personas.

De aquí que las sociedades abiertas que podemos identificar como de perfil democrático de Derecho y de Bienestar Social, propias del orbe occidental, tengan integrado y normalizado el Principio de Oportunidad para todos sus ciudadanos (sobre la base de una educación universal), pues son éstos los que son capaces de crear innovación y, en consecuencia, generar economías competitivas que permitan mantener los costes del modelo de sociedad moderna que hemos creado tras siglos de desarrollo.

No obstante, el Principio de Oportunidad nada tiene que ver con el principio de igualdad material, sino con el libre acceso a la gestión del conocimiento en una sociedad rica en recursos, donde una persona, gestionando inteligentemente los recursos que la sociedad pone a su alcance, tiene la oportunidad de desarrollarse profesionalmente. El quid de la cuestión, por tanto, radica en disponer del conocimiento de los recursos existentes en nuestra sociedad para poder gestionarlos de manera inteligente en beneficio del proyecto profesional que nos marquemos. Una máxima que, no obstante, brilla por su ausencia en la formación de futuros jóvenes emprendedores, los cuales carecen del conocimiento suficiente de los recursos a su alcance -por defecto del sistema educativo- para beneficio propio (y del conjunto de la sociedad) del Principio de Oportunidad.

No podemos mantener nuestro sistema de Bienestar Social si no somos competitivos económicamente, ni podemos ser competitivos sin innovación, así como no hay innovación posible (ya sea incremental, radical o frugal) sin gestión del conocimiento, y sin éste no podemos, de ninguna de las maneras, aprovechar el Principio de Oportunidad que nos ha sido otorgado por el hecho de vivir en sociedades abiertas privilegiadas.


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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 



sábado, 31 de marzo de 2018

Semana Santa: los valores culturales humanistas que trascienden al rito


Un año más me encuentro por inmersión en la celebración de la festividad de Semana Santa, y un año más la sociedad se posiciona entre creyentes, no creyentes (ya sean ateos o agnósticos), y turistas, un colectivo este último que -con independencia de su credo- se eleva a la categoría de grupo social propio en cualquier sociedad de consumo que se precie. Una división social que irremediablemente enfrenta, en estos días con mayor vigor si cabe, posicionamientos socio-políticos, y por tanto filosóficos, sobre el carácter aconfesional, laico y religioso que debe tener nuestra sociedad. Un debate a pié de calle que enciende las redes sociales entre partidarios y detractores de una u otra posición, hasta el punto de generar contrastes tan destacados como la felicitación pública y a bombo y platillo por parte de varios dirigentes políticos de nuestro país (Podemos, Izquierda Unida, PSOE, ERC) al colectivo musulmán que vive en España por la celebración de su festividad del Ramadán, versus al mutismo de los mismos respecto a los cristianos por la celebración de la festividad de Semana Santa, festividad de naturaleza nacional que en España se lleva realizando desde hace un milenio.

Que nuestro país, como Estado Democrático Social y de Derecho moderno que es tiene carácter aconfesional, no lo pone nadie en duda, pero tampoco debemos poner en duda -y menos renegar- nuestra cultura que es de raíz greco-romana-católica, y no otra. De los griegos proceden nuestros genes filosóficos (cosmológicos y de organización social) y comerciales, de los romanos heredamos su Derecho e ingeniería, y del catolicismo principalmente procede el humanismo sobre el que se fundamentan los principios de nuestras actuales sociedades de Bienestar Social. Ergo, la festividad de la Semana Santa, más allá del rito religioso para creyentes, es una manifestación de nuestra identidad cultural propia como sociedad y civilización. Es por ello que por encima del rito -para aquellos que solo ven el dedo que señala la luna-, debemos ver y valorar los valores que transmiten nuestros rituales culturales.

En este sentido, no he podido dejar de pensar, evidentemente influenciado por el alo ambiental que acompaña estos días de festividad de Pascua, en los valores que transmitía el icono cultural de la cruz de ocho puntas que como enseña propia hicieron famosa los Templarios y otras órdenes de caballería cristiana, y en la actualización de dichos valores en nuestra sociedad del siglo XXI. Me refiero a la cruz de las ocho beatitudes o de las bienaventuranzas, la emblemática cruz de ocho puntas que los templarios utilizaron no solo como clave para la construcción y desciframiento de un alfabeto secreto y símbolo base para el trazado octogonal de las capillas templarias, sino sobretodo como credo espiritual para la vida personal. Puesto que cada una de las diversas puntas de su cruz octogonal poseía un valor filosófico concreto, base primogénito de nuestro humanismo contemporáneo, que eran los siguientes:

1.-Poseer el contento espiritual
2.-Vivir sin malicia
3.-Llorar los pecados
4.-Humillarse al ser ultrajados
5.-Amar la justicia
6.-Ser misericordiosos (compasivos)
7.-Ser sinceros y limpios de corazón
8.-Sufrir con paciencia las persecuciones

Unos preceptos de vida que durante siglos han iluminado el desarrollo y devenir de nuestra sociedad como civilización, hasta llevarnos a la actual conceptualización organizativa de los Estados de Bienestar Social y de Derecho. No obstante, salvando las distancias históricas, si hiciéramos un simple ejercicio de actualizar los valores de las beatitudes de la cruz de ocho puntas respecto a nuestra sociedad contemporánea caracterizada por una economía de mercado de libre competencia basada en el consumismo, las bienaventuranzas como credo de vida actual rezarían bajo la siguiente puesta de valor:

1.-Poseer el contento material
2.-Vivir con codicia
3.-Exaltar los pecados (hedonismo)
4.-Implacabilidad frente a los ultrajes
5.-Amar el interés propio
6.-Ser egoístas
7.-Ser mentirosos e individualistas de corazón
8.-Combatir o huir toda persecución

Como sabemos, todo rito no es más que un acto ceremonial que puede consistir en fiestas más o menos solmenes, según pautas establecidas por la tradición y las autoridades competentes, pero cuyo objetivo primero es la celebración de un mito propio de una comunidad cultural concreta y singular que transmiten aquellos valores trascendentales que marcan los parámetros sociales de vida de dicha comunidad. En otras palabras, los actos de manifestación de una identidad cultural promueven los valores sociales que determinan el comportamiento social, siendo una representación de las cualidades y virtudes que debe poseer y representar una persona dentro de dicha comunidad. La pregunta pues, sobre qué tipo de ritos culturales mantenemos para la continuidad y supervivencia de nuestra identidad cultural como sociedad de origen milenario, no es baladí. En este sentido, la celebración de la festividad nacional de la Semana Santa no solo reafirma nuestra identidad cultural propia frente a ajenas (como la musulmana), sino que nos fuerza a realizar una reflexión de corte filosófico al poner en contraste nuestros valores milenarios humanistas, base de nuestro concepto natural de sociedad de bienestar común, frente a los valores individualistas del joven capitalismo donde prima el dinero por encima de la persona. Una siempre necesaria reflexión sobre qué tipo de sociedad queremos construir, en un mundo en continuo cambio y acelerada transformación, en una busca eterna de la máxima latina del in medio virtus (la virtud se encuentra en el punto medio).




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sábado, 24 de marzo de 2018

Todo espejismo, que proyecta un mundo al revés, acaba sucumbiendo al Principio de Realidad


Un mundo al revés es una expresión que utilizamos cuando algo no presenta su estado o condición habitual, es decir, cuando percibimos que los rasgos naturales que caracterizan una persona, circunstancia o hecho se ven ya no alterados o distorsionados, sino invertidos. Un mundo al revés sería, por ejemplo, un pez escalador de montañas, un pirata honrado o una lluvia que no moja. Un mundo al revés es, asimismo, cuando consideramos un espejismo como real y la realidad como un espejismo.

Mientras escribo esta reflexión en la mañana de un sábado tranquilo, siento llover a mis espaldas justo detrás de un gran ventanal que da a un pequeño jardín privado en medio de la ciudad de Barcelona. Una relajante y refrescante lluvia primaveral que cuenta, entre varios efectos benefactores, con la capacidad natural de borrar cualquier posible espejismo ilusorio que las condiciones ambientales hayan podido propiciar en días anteriores. Y es que todo espejismo acaba sucumbiendo bajo el Principio de Realidad, devolviendo el mundo a su orden natural.

No obstante, es constatable que existen personas que viven en un estado distorsionado de sus capacidades cognitivas normales -ya sea por desconocimiento o enajenación inducida-, a las cuales les cuesta diferenciar entre realidad y espejismo, pudiendo llegar a crear una estructura de mentalidad personal y colectiva (social) justamente sobre la base de la ilusión efímera del espejismo, otorgando solidez existencial a un mundo al revés concebido aunque inexistente. Como Alicia en el país de las maravillas. Hasta que aparece la lluvia y se impone el Principio de Realidad, que es aquel que es y existe más allá de toda duda objetiva y apariencia ilusoria.

Hoy llueve y la implacable naturaleza de la realidad borra del paisaje cualquier espacio donde se proyectaban los espejismos. Imagino el estado de confusión de aquellas personas que reafirmaron su identidad personal y social en una falsa realidad paralela que no existe (un rasgo psicótico propio de trastornos delirantes), autoidentificándose a título individual en el mundo real mediante una marca de color amarillo como complemento de vestir. Como si dicha identificación, ya sea en forma de pin de solapa o bufanda -en la mayoría de los casos-, les alineara con esa dimensión paralela a modo de efecto de conexión de Matrix. Me pregunto cuáles son los efectos psicológicos que produce en éstas personas ya no el hecho de desprenderse de dichos elementos identificativos de conexión, sino al percatarse que éstos ya no tienen la capacidad de contectarles con ninguna pseudorealidad imaginada por desvanecimiento del espejismo. Seguramente la reacción psicológica previsible será la frustración en una primera fase, fruto del sentimiento de tristeza por la pérdida de un imaginario, el cual mal gestionado puede generar en un estadio de rabia contra el mundo real por falta de aceptación del implacable Principio de Realidad.

Todo Principio de Realidad tiende a manifestarse por decantación gravitatoria de fuerza mayor cuando se requiere restablecer el equilibrio del orden natural de las cosas, reinvirtiendo de nuevo posibles mundos al revés que conciben los espejismos como real y lo real como espejismos. Y más cuando en dicho mundo al revés el delirio alcanza cuotas de enajenación hasta el punto de concebir el fascismo (un movimiento social totalitario, nacionalista y sectario, eso sí de color amarillo) como democracia, y la Democracia de Derecho verdadera del mundo real propia de las sociedades modernas como fascismo. Un insostenible juego de coexistencia entre lo ilusorio y lo real cuyo orden siempre acaba por restablecerse por el bien de la salud social.

Hoy llueve en Barcelona, y al menos por un tiempo los espejismos se han desvanecido. El mundo al revés de los presos políticos contrasta de frente con el Principio de Realidad de un mundo al derecho de políticos presos, que son aquellos que son encarcelados no por sus ideas, sino por cometer delitos contra una realidad democrática social y de derecho para ejecutar sus ideas de corte mesiánico. La realidad se impone a la ilusión. La cordura se impone a la locura. La racionalidad se impone a la irracionalidad. Y ahora solo cabe que las Alicias que han vivido en su país de las maravillas regresen de su espejismo al mundo real desde donde solo se puede reinventar la propia sociedad. Tras la lluvia regeneradora, es tiempo de reeducar y recuperar los principios reales de lo que representa convivir en una sociedad basada en una Democracia Social y de Derecho.

El pensamiento diferente es el motor evolutivo de la humanidad, sin lugar a dudas, pero el comportamiento con poco juicio, de forma imprudente o temeraria y sin pensar en las consecuencias no es característica de los innovadores, sino un rasgo definitorio propio de los locos. Solo se puede transgredir la realidad conocida, en pos de crear una mejor y renovada realidad desde la legitimidad humana del cambio social, desde la aceptación de los preceptos del propio Principio de Realidad. Pues vivir y pretender imponer postulados de cambio social desde el espejismo de un mundo al revés, en pleno siglo XXI, resulta tan irrealista como persistir en la idea medieval de crear una nueva estructura de organización social bajo la máxima de que la Tierra es plana.

Hoy llueve en Barcelona, y el agua regeneradora limpia el paisaje de espejismos a la par que las personas amarillas pierden su conexión con el mundo al revés. La realidad, como no puede ser de otra manera, siempre acaba por imponerse. Ahora cada cual, desde su libre albedrío y su inteligencia natural que viva desde la aceptación a lo real o desde el apego a un ilusorio inexistente.


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domingo, 18 de marzo de 2018

Admitámoslo, como el agua y el aceite, hay culturas que no se integran

Foto: uca Piergiovanni / EFE
Hace un par de días, mientras trabajaba en mi escritorio, seguía a tiempo real a través de la televisión un disturbio callejero que tenía como protagonista a la comunidad mantera senegalesa y como efectos secundarios varios desperfectos en la vía pública (quema de contenedores, daños contra el material urbano, destrozos a motocicletas y vehículos privados estacionados, etc.). Un acontecimiento que refleja, una vez más, la falta de integración de ciertos colectivos inmigrantes en nuestra sociedad.

Cuando hablamos de inmigración, es decir, de personas venidas de otras partes del planeta, debemos entender que nos estamos refiriendo a culturas diferentes a la nuestra. Y que la cultura es, justamente, el sentido de identidad con la que una persona se reafirma consigo misma y con los demás en un mundo diverso (y más, cuando se haya fuera de su hábitat natural). La cultura no es baladí, pues es la programación que nos permite ver, entender y juzgar de manera singular -como seres cognitivos- la realidad más inmediata que nos toca vivir. Una manera concreta de codificar y descodificar la realidad diferente, a su vez, de otra persona con una cultura distinta. En otras palabras: uno, hay tantos tipos de naturaleza diferentes de cultura como grupos sociales existen, ergo hay tantas maneras diferentes de racionalizar el mundo como culturas lo observan. Y dos, el ser humano es un producto cultural incluso en el momento anterior a su propia concepción, por lo que la cultura, junto a la genética y la capacidad psicológica personal, es uno de los tres grandes determinismos que conforman los rasgos de personalidad de un ser humano.

Asimismo, cuando hablamos de integración de la inmigración debemos partir de la base que nos referimos a la posibilidad de integrar un tipo de naturaleza concreta externa en el marco de la lógica organizativa y funcional de nuestra naturaleza cultural que, por ser propia, es a su vez concreta y diferente. En este punto, debemos destacar tres principios básicos:

1.-La integración total, en el mundo de las diferencias culturales, es una entelequia, por lo que solo podemos esperar la generación de espacios comunes, tal cual nos ilustra la teoría matemática de los espacios tangentes.

El problema radica cuando no se promueven, desde un punto de vista sociológico, la creación de dichos espacios comunes -muchas veces por conflicto directo con el marco legal-, lo que desemboca en la creación de espacios sociales paralelos que generan guetos de marginalidad, representando verdaderos campos de cultivo potencial para el conflicto social

2.-El conocimiento y entendimiento de cada tipo diferente de naturaleza cultural solo puede hacerse desde el conocimiento y entendimiento de la misma, y no desde el enfoque de un tamiz cultural externo: el nuestro (lo que se denomina etnocentrismo).

Y aun así, el comportamiento más extenso y comúnmente aceptado por nuestra sociedad es, no solo entender la naturaleza cultural ajena desde nuestro tamiz cultural, sino incluso concebirla bajo la perspectiva de una cosmología idéntica a la nuestra. He aquí el principio del fracaso de cualquier política social de integración.

Y, 3.-Al existir una variedad de naturalezas culturales diferentes siempre encontraremos unas más próximas que otras en referencia al perfil de nuestra propia naturaleza cultural, lo cual representa un factor clave en el proceso de validez de integración de las mismas.

En este sentido, en un mundo global, el nivel de desarrollo socio-económico -en términos de Estado de Bienestar Social- de las diversas naturalezas culturales externas a la nuestra representa un vector tangente relevante que posibilita la integración de culturas diferentes (Debemos ser conscientes, en este sentido, que existen culturas diferentes a la nuestra que en su sociedad de origen se hayan mentalmente en nuestro pasado siglo XV). Es por ello que, aunque las naturalezas culturales china o senegalesa -por poner un ejemplo- sean muy diferentes a las nuestras, la integración social (creación de espacios tangentes) con la cultura china es mucho más factible que con la senegalesa. En el caso de España y China, ambas sociedades de culturas diferentes comparten un mismo nivel de desarrollo común (en este caso, la lógica de una economía de mercado propia de la 4rta Era de la Revolución Industrial).

Es por ello que debemos admitir, a la luz de los tres axiomas anteriormente expuestos, que hay culturas que por naturaleza (y en su punto singular de desarrollo social) no cumplen con las características óptimas para su integración. Y que pretender lo contrario resulta tan inviable como intentar mezclar agua y aceite.

La falta de realismo de estos principios básicos en las políticas de integración de culturas de naturaleza diferente -inmigración-, junto a una negación de los límites de nuestros propios recursos económicos como Estado (en un país donde las prestaciones sociales no cubren las necesidades de colectivos tan diversos como los jubilados, los parados de larga duración, o las necesidades educativas y sanitarias, por poner algunos ejemplos de rabiosa actualidad), sumado a una política buenista de extensión del principio de igualdad de derechos para todos (equiparando de manera genérica nacionales e inmigrantes), solo conduce a la frustración para cualquier tipo de persona que no se sienta integrada y, por extensión, no perciba el disfrute de los beneficios del sistema. Y ya estamos constatando como la evolución natural de la frustración social mal gestionada no es otra que el estadio de la rabia social, que siempre acaba manifestándose de manera violenta.

Gestionemos nuestra cada vez mayor compleja realidad social, sí. Desde el respeto a los derechos humanos, por supuesto. Pero desde la realidad y no desde la utopía. Y sin dejación de funciones por falta de diligencia, inconsciencia o un concepto distorsionado de complejo de inferioridad democrática, pues en caso contrario continuaremos sembrando fracasos sociales para propios y ajenos desde unas expectativas sociales irrealizables por inviables en su concepción. Fiat lux!

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Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano