martes, 25 de febrero de 2020

Del carnaval, el carnavalismo y los carnavalistas

Carnaval de Sitges 2020. Foto ByTeresa Mas de Roda

El carnaval es, sin lugar a dudas, una de las mayores festividades humanas de exaltación de la vida por excelencia. Seguramente porque su práctica contemporánea –con independencia de su origen milenario romano, griego e incluso egipcio- va íntimamente ligado a la celebración de los placeres más mundanos. No en vano se alude al carnaval como la fiesta de Don Carnal. Pero más allá de la onomástica pagana stricto sensu que es la celebración del carnaval como fecha señalada en el calendario anual de festividades, existe el carnavalismo, que debe entenderse como el comportamiento conductual que tienen cientos de personas de “vivir por y para el carnaval” durante gran parte del resto del año. Una práctica, elevada a la categoría de hábito, que conlleva una preparación previa interanual del festejo que puede alargarse durante meses, y que culmina con los días marcados entre el mes de febrero y marzo de cada año (siempre a disposición del calendario cristiano anticarne). ¿El objetivo?: no dejarse nada para última hora, y poder así asegurarse la rentabilidad máxima de unos días de fiesta marcados por la intensidad y los excesos hedonistas de quienes ponen valor existencial al tempus fugit.

Si el carnaval es la festividad, y el carnavalismo es el hábito conductual de vivir por y para el carnaval, los carnavalistas son aquellos que viven de facto el carnaval. Y es justamente sobre este colectivo que deseo centrar la presente breve reflexión, como aportación al Bestiario Urbano por ser digno de catalogación.

Hablar sobre los carnavalistas es aludir a aquellas personas que disfrutan de la festividad del carnaval, sí, pero como una forma integrada de entender la vida de corte filosófico, por lo que se debe excluir a todos aquellos que aprovechan el carnaval como una oportunidad festiva más para emborracharse y exponer públicamente tanto su talante incívico como su mediocridad humana (que de haberlos haylos, y en demasía para mi gusto). De hecho, los carnavalistas ponen en evidencia, por contraste de opuestos, la existencia de dos grandes grupos de personas en la sociedad: aquellos que viven desinhibidos y aquellos que viven inhibidos, siendo éstos últimos los que o bien no participan del carnaval por constreñimiento de su autoestima personal, o bien participan como simples espectadores externos por vergüenza propia coercitiva, o bien participan como actores secundarios forzando su desinhibición ingesta descontrolada de alcohol mediante.

Los carnavalistas, por tanto, destacan por ser personas desinhibidas, lo cual es una muestra indudable de salubridad emocional, pues manifiestan su grado de autoridad interna (son fieles y coherentes con ellos mismos) con independencia de los cánones sociales preestablecidos. Aunque ésta no es la única característica destacable por singular, pudiendo observar otros rasgos distintivos tales como:

1.-Los carnavalistas son personas con un alto y refinado gusto por la estética, haciendo que sus disfraces de carnaval sean pequeñas obras de arte que buscan, como fin primero, exaltar el culto a la belleza. Una característica propia de personas dotadas con una capacidad innata por la sensibilidad artística.

2.-Los carnavalistas, como buenas personas desinhibidas y con sensibilidad estética, son dados al exhibicionismo público. Pues no existe artista al que no le guste mostrar al mundo sus elaboradas creaciones en busca del efímero reconocimiento ajeno. El carnaval, por tanto, se convierte en la sala de arte abierta perfecta para exponer sus obras.

3.-Los carnavalistas, como buenos exhibicionistas artísticos, les gusta que sus creaciones más o menos conceptuales tomen vida, por lo que la interpretación del personaje disfrazado es un rasgo indisociable de la puesta en escena pública de la obra que personifican. Permitiéndose así el poder jugar con imaginación casi pueril, aunque sea de manera temporal, la recreación de otras vidas que no les son propias.

Y, 4.-Los carnavalistas como personas desinhibidas, sensibles por la belleza, exhibicionistas casi irreverentes, y actores espontáneos de personajes autoinventados, son animales sociales regalados a los placeres carnales de la vida, entre los que se encuentra el poder disfrutar de la buena música bailable o de una buena mesa gastronómica.

El carnaval es la fiesta de la exaltación de la vida, y los carnavalistas son -muchos de ellos aun sin saberlo- los discípulos del filósofo Aristipo que buscan mediante la práctica carnal entregada a su celebración placentera el sentido y la verdad última del bien máximo de esta vida.

Mucho mejor iría el mundo (por desdramatizado), si hubieran más carnavalistas en nuestras vidas. Pues un carnavalista es, por idiosincrasia, una persona tan alegre como respetuosa y tolerante. Dixi



Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

viernes, 21 de febrero de 2020

Neurotecnología: el peligro de la pérdida de control sobre la percepción de la realidad


Recién salido de afrontar la batalla cuerpo a cuerpo contra el virus de la gripe, de la que aun me siento medio aturdido, quisiera explicar un hecho anecdótico a modo introductorio que, asimismo, es el origen causal de la presente reflexión. Hace un par de días, a la hora periódica establecida para tomarme una pastilla de ibuprofeno, no conseguía atinar con el fármaco adecuado entre los acumulados sobre la mesita de noche ya que me resultaba imposible leer el nombre del medicamento. Allí donde en verdad ponía “ibuprofeno” en letras latinas, para buen entendimiento de un españolito de a pie, tan solo podía leer (engañosamente) caracteres germanos ilegibles para mi por más que me esforzara. En esta tesitura, la mente lógica en vez de cuestionar lo que percibía mediante el sentido de la visión, a la cual le otorgaba plena validez, comenzó a elucubrar cómo había llegado un medicamento alemán hasta allí, generando todo tipo de argumentos plausibles que no vienen al caso. El quid de la cuestión es que el virus de la gripe, mediante un ataque virulento que me arrastró a los dominios febriles de la alucinación, consiguió hackear mi software orgánico: el cerebro, haciéndome percibir una realidad inexistente mediante una alteración del estado de consciencia. O dicho en otras palabras, mi percepción, base de la Lógica (como ciencia del razonamiento humano) y de la Razón (como facultad para resolver problemas) sobre la que se fundamenta el Principio de Realidad, se vio seriamente comprometida.

Esta pequeña, pero vívida, anécdota no solo me hizo recordar la frágil condición humana respecto a la triple relación existente entre consciencia-percepción-realidad -de la que ya me he explayado en diversas reflexiones anteriores (Ver, por poner algún ejemplo: ¿Qué es la Consciencia?, y La realidad objetiva humana no existe fuera del consenso general subjetivo)-, sino que me hizo poner la atención especialmente sobre el avance imparable y sin control de una de las grandes revoluciones vanguardistas de nuestro tiempo: la neurotecnología.

Para quien aún no sepa qué es la neurotecnología, señalar que es aquella práctica que se sirve de la tecnología para influir sobre el sistema nervioso del ser humano, y concreta y especialmente sobre el cerebro. Y no, no se trata de ciencia ficción sino de una realidad innovadora de rabiosa actualidad, cuya visión y misión es la mejora de las capacidades humanas naturales por superación de éstas, un objetivo ya compartido en la actualidad por diversas empresas a nivel mundial. De hecho, la compañía Neuralink del visionario Elon Musk anunció recientemente que a lo largo del presente año implantará un interfaz a una persona, por primera vez en la Historia de la humanidad, que conectará su cerebro humano con cerebros artificiales dotándolo así de altas capacidades intelectuales inimaginables. Y ya se sabe que, tras un primer caso, solo es cuestión de tiempo que la práctica se extienda a muchos otros, ya sea bajo políticas reactivas de competitividad, de búsqueda del principio de igualdad de oportunidades, de discriminación negativa por selección artificial de clases sociales, o de control social de masas, entre otras tantas motivaciones sujetas a la naturaleza humana. El tiempo las dilucirá.

Motivaciones más o menos transparentes a parte, lo que es evidente es que la neurotecnología acelera la evolución del ser humano en un doble sentido que, aunque puedan parecen realidades tangentes, conforman una misma naturaleza por retroalimentación:

1.-La neurotecnología, desde el momento que busca transformar al hombre en un Posthumano mediante la tecnología, deviene en el germen del Transhumanismo. [Ver: El Transhumanismo, el lobo (del Mercado) con piel de cordero].

2.-La neurotecnología, desde el momento que busca conectar el cerebro humano con un cerebro artificial, deviene la crónica de una muerte anunciada del pensamiento individual en beneficio de un pensamiento colectivo por computacional (Ver: La educación on line del futuro: ¿enseñar o adoctrinar?).

En este sentido, no hay que obviar las previsiones que pronostican que dentro de 15 o 20 años la Inteligencia Artificial será ya más inteligente que el ser humano, y que tendrá asimismo capacidad para autoreproducirse por sí misma con unos estándares de perfección muy altos, relegándonos a los seres humanos a un nivel de inteligencia equiparable a la de los chimpancés respecto a la inteligencia de los nuevos seres artificiales. Un futurible cercano, de tintes distópicos, que nos obligará por fuerza mayor a hacernos preguntas tales como: Como seres imperfectos, ¿qué implicaciones tiene el crear seres perfectos para corregir nuestra imperfección?; o reflexionar seriamente sobre temas tan trascendentales como: La consciencia artificial, ¿puede cuestionar la consciencia humana?, entre otras muchas cuestiones. (Ver la sección de Robología / roboética).

Pero eludiendo discurrir por apasionantes variables derivadas del fenómeno, y regresando al tema de reflexión que nos ocupa tras haberlo contextualizado somera aunque suficientemente, lo que es una evidencia es que el foco de la neurotecnología se haya tanto en la manipulación del cerebro humano, como en la invasión de éste por parte de la inteligencia artificial. Por tanto, pensemos: si el cerebro humano es el centro lógico-operativo de la capacidad perceptiva del hombre sobre su mismidad y en relación a su realidad más inmediata, y dicho centro queda intervenido por un ente externo (llámese cerebro global artificial en una era tecnológica interconectada), ergo la percepción del hombre sobre la realidad queda claramente en estado de flagrante peligro, así como por extensión su propia consciencia y, en consecuencia, su libre albedrío. Con todo lo que ello implica sociológica y ontológicamente. O dicho en otras palabras, con la neurotecnología no sabremos discernir si aquello que percibimos es real o no, y por tanto si nuestra capacidad cognitiva es libre o está sometida por manipulación.

Así pues, es adecuado afirmar que la neurotecnología, sin control público roboética mediante, es un peligro tanto para la libertad individual, como para la Democracia como sistema de equidad social, como para el mismo Principio de Realidad. Es por ello que ya tardamos en legislar sobre neurotecnología (e inteligencia artificial) bajo los preceptos rectores del Humanismo, pues la promoción comercial de los interfaces cerebrales está a la vuelta de la esquina, en un entorno incipiente del 5G, a módicos plazos financiables y con múltiples aplicaciones ultra atractivos para el consumidor. Pensar lo contrario es pecar de ingenuos.

Y por si alguien tuviera algún resquicio de duda sobre mi posicionamiento al respecto, aclarar que a mi que no me busquen para conectarme al Gran Hermano del Orwell del 2030 (por poner una fecha estimada), pues tengo gran estima a mi intimidad y mi libertad de pensamiento. Ya tengo bastante con lidiar con la realidad de un Ibuprofeno que a veces se me muestra en español y otras en alemán, para que me vayan cambiando más realidades por intereses ajenos. El derecho a la libre percepción de la realidad objetiva debería ser, a partir de ahora, un derecho inalienable de la condición humana por ley al que me acojo y suscribo por adelantado. Frente al transhumanismo y al control social de los individuos, más Humanismo.


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

jueves, 20 de febrero de 2020

Diccionario del Alma (Diagrama / Discusión) XXXIIIª Entrega

Nueva entrega del "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación de quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.


Diagrama: El rostro simbólico de la lógica.
Dialéctico, -ca: El profesional liberal en el Mercado.
Dialecto: El confinamiento de la lengua.
Diálisis: El divorcio por terceros de las sustancias.
Diálogo: Mayoritariamente de besugos.
Diamante: 1. La fuerza irresistible de la brillantez sobre los humanos. 2. El valor de la tenacidad.
Diamantino, -na: La sonrisa facial sincera.
Diametral: El hilo invisible entre la vida y la muerte.
Diámetro: Un camino sin curvas.
Diana: El bolsillo de los consumidores.
Diantre: El clamor del interrogante.
Diapasón: El tímpano musical de los sordos.
Diapositiva: Cualquier valor universal en la gran cueva de Platón.
Diariamente: Un hábito fruto de una práctica reiterada.
Diario, -ia: El tiempo extra de la muerte.
Diarrea: El cabreo del estómago.
Diástole: 1. El corazón expirando. 2. La relajación de la vida.
Diatriba: La quiebra de la paciencia.
Dibujante: Un artesano vocacional de los volúmenes en dos dimensiones.
Dibujar: Observar e imaginar.
Dibujo: Un acto de magia.
Dicción: La mecánica del habla.
Diccionario: Un manual de consensos.
Diciembre: Mi mes natal.
Dicotiledóneo,-ea: Una planta de raza.
Dicotomía: La raíz de la inestabilidad humana.
Dictado: Una imposición.
Dictador: A veces, una necesidad social.
Dictadura: La imposición de la fuerza sobre la razón.
Dictamen: Un juicio de valor más.
Dictaminar: La apología de los medios de comunicación y la publicidad comercial.
Dictar: Someter.
Dictatorial: El capitalismo o el comunismo sin prejuicios.
Dicterio: Un menosprecio culto.
Dicha: Un estado escurridizo.
Dicharachero, -ra: El efecto del relax vital.
Dicharacho: La marca personal de los chistosos.
Dicho: Una creencia elevada a cátedra.
Dichoso, -sa: Persona agradecida circunstancialmente.
Didáctico,-ca: La imaginación.
Diecinueve: El salón de la inexperiencia que se siente experta.
Diecinueveano,-va: El fin de una década.
Dieciocho: Una meta convertida en posición de salida.
Dieciséis: La madurez prematura.
Diecisiete: La parrilla de salida.
Diedro: Familia geométrica de mi cartera.
Diente: 1. El valor de la utilidad. 2. La fragilidad de lo duro. 3. El tesoro de los mayores. 4. La estética del alma.
Diéresis: La corona del rey de la fiesta.
Diestra: El lado predilecto de Dios.
Diestramente: Nacido para ello.
Diestro, -tra: Un acto reflejo cerebral o una culturalización del cerebro.
Dieta: Una pesadilla.
Dietario: Un notario de la cotidianidad.
Diez: Una aureola social.
Diezmar: Sea natural o artificial, una criba.
Diezmo: Un porcentaje largamente sobrepasado por las políticas impositivas actuales.
Difamación: El parapeto social de los ruines.
Difamador, -ra: Un mentiroso doloso.
Difamante: Los juicios de valor sin verificación.
Difamar: La huida hacia delante del mezquino.
Diferencia: La riqueza de la diversidad.
Diferencial: La personalidad.
Diferenciar: Poner las cosas en su justa medida y valor.
Diferente: Una pieza fuera de su lugar.
Diferir: El profundizar sobre las cosas.
Difícil: Superarse a si mismo.
Dificultad: Aprender inglés.
Dificultar: Toda aquella vía alternativa a los cánones establecidos.
Dificultoso, -sa: Ganarse la vida en un mundo sobrepoblado y profundamente competitivo.
Difteria: Un estrangulador.
Difundir: Un acto de rebeldía.
Difunto, -ta: Persona que ya no tiene problemas.
Difusión: En manos del poder, un virus.
Difuso,-sa: El mañana.
Digerible: La monotonía.
Digerir: Resistencia estomacal.
Digestión: Un acto mecánico de transitar por la vida.
Digestivo,-va: Los pequeños placeres del alma.
Digital: Un corsé existencial invisible.
Dígito: El átomo de la realidad tecnológica.
Dignarse: Una obligación social.
Dignatario: Un buzón andante de adulaciones.
Dignidad: Un derecho natural inalienable.
Dignificar: La autorealización.
Digno, -na: Toda persona en su justo contexto.
Digresión: Gravedad egocentrista.
Dije: Todo pensamiento sujeto a replanteamiento.
Dilación: La consumación de los sueños.
Dilapidar: Enfermedad consumista.
Dilatación: El espacio constituido por la vida.
Dilatado, -da: La clase trabajadora pobre.
Dilatar: Dinámica de supervivencia de los políticos.
Dilatorio, -ia: La justicia social.
Dilecto,-ta: El amor focalizado.
Dilema: La pregunta del sabio.
Diletante: El humanista clásico.
Diligencia: Brilla por su ausencia.
Diligente: Rara avis.
Dilucidar: La obsesión del filósofo.
Dilución: El individuo en la sociedad.
Diluir: El propósito del sistema.
Diluviar: Una mala gestión emocional de la Naturaleza.
Diluvio: Examen de la consistencia de la obra humana.
Dimanar: Los hijos de los padres, los padres de la sociedad, y la sociedad de la cultura.
Dimensión: Una realidad posible.
Dimes y diretes: Un juego de chafarderos.
Diminutivo, -va: La cariñosa caricia del lenguaje.
Diminuto, -ta: Una percepción relativa.
Dimisión: Una salida por la puerta de atrás.
Dimisionario,-ia: Persona que se ve superada por causas de fuerza mayor.
Dimitir: Un fin de capítulo.
Dinamarca: Un país de otra cultura.
Dinamarqués, -sa: Un vikingo europeizado.
Dinámico, -ca: La energía vital empujando.
Dinamismo: La evolución robótica.
Dinamita: La tasa de desempleo.
Dínamo: El cuerpo humano.
Dinamómetro: El PIB nacional.
Dinasta: Un apadrinado.
Dinastía: El privilegio de la cuna.
Dineral: El coste de la vida.
Dinero: Una medida de control de los ricos.
Dintel: Parte de la jerarquización arquitectónica.
Diocesano,-na: Un plebeyo del obispado.
Diócesis: La iglesización del viejo imperio romano.
Dioptría: Un dolor de cabeza.
Diorama: La realidad humana dentro de la realidad humana.
Dios: 1. Un ente ausente. 2. El mayor imaginario nunca creado por el hombre. 3. Un instrumento artificial de control de masas.
Diosa: Nuestras madres y mujeres.
Diploma: Un papel mojado en la gran noria de la vida.
Diplomacia: La hipocresía con modales.
Diplomático, -ca: Un falso refinado.
Dipsomaniáco, -ca: 1. Un alcohólico de toda la vida. 2. Persona débil y/o enferma.
Díptero: La armonía de la paridad.
Diptera: Una familia de cojoneros.
Díptico: Un espacio tríplemente rentabilizado.
Diptongo: Una vocal transilábica.
Diputación: La sombra próxima del poder.
Diputado,-da: Un vividor a cuenta ajena.
Dique: 1. La fortaleza de la densidad. 2. Los límites del reino de Neptuno.
Dirección: 1. Una opción. 2. Un ubicador. 3. Una cabeza.
Directivo, -va: 1. Un lobo para el hombre. 2. Una oveja para el Mercado.
Directo, -ta: El camino más corto y liberador.
Director, -ra: Un hilandero.
Directriz: Antiguamente, los valores morales. Hoy, el marketing.
Dirigente: Un puesto que se otorga a cualquiera.
Dirigible: Una bombona de gas con alas y volante.
Dirigir: Compartir una visión.
Dirimente: El filósofo en su intimidad.
Dirimir: Una acción mal vista en una sociedad superficial.
Discernimiento: Buscar la verdad substancial de las cosas.
Discernir: Hábito de las personas de Razón.
Disciplina: Conducta adquirida mediante la práctica.
Disciplinar: 1. Valorar la cultura del esfuerzo. 2. Si no es desde la razón, no me interesa.
Disciplinario, -ia: Una acción correctora a tiempo.
Discípulo,-la: El hombre frente a la maestría de la vida.
Disco: 1. La esencia geométrica del cosmos . 2. La realización de la filosofía pitagórica.
Discóbolo: La belleza del movimiento de las formas.
Díscolo,-la: El pensador.
Disconformidad: Un estado de salubridad psicoemocional en una sociedad enferma.
Discontinuidad: La constante existencial jugando a historias posibles.
Discontinuo, -ua: La narrativa vital personal.
Discordancia: El nodo entre opuestos.
Discordante: El libre Mercado frente a la Democracia, y viceversa.
Discordar: Media humanidad versus la otra media, y ésta con su propia media, y así en una sucesión periódica infinita.
Discorde: Muchas veces, yo conmigo mismo.
Discordia: Un tira y afloja de intereses partidistas.
Discreción: La explotación tercermundista del primer mundo consumista.
Discrecional: La capacidad individual de soñar.
Discrepancia: Cualquier contraste de opiniones intergeneracional, intersocial e intercultural.
Discrepar: Un ejercicio saludable que, a medida que se sube en clases sociales, se está perdiendo por prohibición táctica.
Discreto, -ta: El pobre en una sociedad de opulencia.
Discriminación: El algoritmo negativo de los círculos sociales establecidos.
Discriminar: Proteger el valor de un activo.
Disculpa: Una conducta olvidada.
Disculpar: (-se) Romper el ombligocentrismo.
Discurrir: La posición móvil de la vida.
Discursear: Un tipo de oratoria sin sustancia.
Discurso: Un autojaleamiento en voz alta.
Discusión: 1. Choque de razones donde raras veces la razón tiene Razón. 2. El pulso perdido de la razón consensuada. 3. Batalla que solo se gana buscando la paz, no la razón.



viernes, 14 de febrero de 2020

Un día, ¿qué es y qué representa?


Un día es la sincronicidad del pasado, del presente y del futuro inmediato. Tanto, que el pasado se hace presente, el presente se hace futuro y el futuro se hace pasado con tal velocidad que pasado, presente y futuro se funden formando el carácter estructural de una singularidad existencial definida en un punto espacio-temporal concreto, particular y diferenciable: el Yo individual.

Un día es la dualidad dimensional que concentra en una misma realidad tanto el suspiro fugaz como la eternidad misma de la vida, pudiendo ser alternadas de manera indiferente según la atalaya personal en la que nos situemos en cada instante dentro de nuestro propio sistema cosmológico de referencia.

Un día es un apego, una aceptación o una reinvención de nuestro marco de coordenadas vital, ya sea afrontado de manera por separado o combinados entre ellos, dependiendo tanto de las circunstancias contextuales de cada cual, así como de nuestro siempre cambiante estado de ánimo. Cuando el día es una reinvención de nosotros mismos frente a nuestra realidad más inmediata, ésta puede devenir en una dinámica infinita en un mundo que, por volátil y cambiante en continua transformación, imposibilita por fuerza mayor la consolidación de toda reinvención personal.

Un día es la suma de historias de pequeños instantes que configuran la vida como unidad de medida básica, en que la concatenación de cada instante forma parte de la lógica de acción de una interminable decisión continua de múltiples futuros posibles inmediatos, dentro de una realidad dicotómica substancial del ser humano.

Un día es la oportunidad, aprovechada o perdida, de reafirmar el sentido de nuestras propias vidas caducas por mortales, y por tanto de sentirnos vivos o muertos en vida. Pues si bien la vida es el continente de todo ser humano, el sentido propio e indelegable hacia la misma es el contenido. Y ya se sabe que continente sin contenido es semejante a un cascarón vacío, cuya realidad es consumida por la apatía de la nada.

Un día es una fracción de movimiento, aun sin movernos en apariencia formal, del engranaje psicoemocional que día a día construye irremediablemente nuestra realidad cognoscente, la cual es tanto de naturaleza consciente como inconsciente, pero no por ello menos real y determinante.

Un día es un Todo en su coexistencia de opuestos como acción y potencia. Ya que un día es la acción realizada, sea o no de nuestro agrado en intimidad, de una persona como Es. Así como un día es la potencia realizable, aun sin creer en nuestras propias posibilidades a título individual, de una persona como puede llegar a Ser.

Un día es tiempo regalado por la muerte, cuyo valor no se mide en términos monetarios o en quilates de oro sino en magnitud de vida. Ya que un día, como medida de tiempo, es vida consumida. Y la vida, como bien sabemos todos, no puede ser vivida por nadie más que por uno mismo.

Un día es la metamorfosis de una idea en forma, donde la forma somos nosotros como seres manifestados, y la idea de la que emerge la forma es aquella representación mental apriorística (por pertenecer al ayer) que concebimos sobre nosotros mismos y en relación al mundo más próximo en el que estamos inmersos.

Un día es nuestro hoy, el único activo presente que atesoramos en una existencia frágil por impermanente, en el que transcurrimos a ciegas pues desconocemos su tiempo restante. Ya que un día, en su concepto de hoy, puede devenir un punto y seguido en una línea progresiva de evolución vital, o puede representar el fin último de todos los días vividos.

Un día es todo ello y mucho más, pues en éste día, y no en otro, se materializa la síntesis de lo que somos en la singularidad de nuestra mismidad, frente a aquello que no somos, no fuimos, y no sabemos si seremos.

-¿Qué día es?-, pregunto Pooh.
-Es hoy-, respondió Piglet.
-Mi día favorito-, dijo Pooh.
(Extracto de las historias de Winnie the Pooh, de Alan Alexander Milne)


Nota: Este y otros artículos de reflexión se pueden encontrar recopilados en el glosario de términos del Vademécum del ser humano 

jueves, 13 de febrero de 2020

Diccionario del Alma (Despilfarro / Diagonal) XXXIIª Entrega

Nueva entrega del "Diccionario del Alma" allí donde lo dejé con la misma paciencia y motivación de quien tiene un macro puzzle inacabado, sabedor que lo divertido está en el viaje del proceso (que inicié a finales del 2013, y que no sé cuando lo acabaré). Para quienes lo conocen, saben que éste no es un diccionario al uso, sino que describe el eco que cada palabra resuena en mi alma (en un momento concreto y determinado de mi vida, lo que son susceptibles de continua revisión, pues yo -como todos-, no soy nunca siempre igual), por lo que no están todas las palabras sino tan solo aquellas que siguen este criterio.


Despilfarro: 1. Un lujo de ricos. 2. Las tasas de paro.
Despintar: Sueños sin ilusión.
Despiojar: La verdadera historia de Goliat contra David.
Despistar: Estrategia del consumismo.
Despiste: Hacer sin pensar.
Despistado: Servidor.
Desplacer: La monotonía.
Desplantar: Con inteligencia y sensibilidad, el paso previo a un replante en un nuevo emplazamiento.
Desplazamiento: Salirse por fuerza mayor de la fila.
Desplazar: La dictadura de la sociedad joven versus los mayores en edad.
Desplegar: Ampliar el radio de acción personal.
Despliegue: Un acto de colonización.
Desplomar: Falta de vigor.
Desplome: La civilización europea.
Desplumar: Una acción avariciosa.
Despoblación: 1. Un éxodo por necesidad. 2. La devaluación de la vida rural.
Despoblado: Un territorio sumido en el olvido.
Despoblar: Los desequilibrios de una economía globalizada.
Despojar: Sustraer las rentas por trabajo.
Despojo: Un robo en toda regla.
Desposado, -da: El instinto de supervivencia emocional y física de la especie.
Desposar: Compartir la mismidad.
Desposeer: Impedir el desarrollo de las habilidades innatas.
Desposeimiento: La penalización sociabilizada.
Desposorios: La promesa de un futuro mejor.
Déspota: La democracia de las mayorías.
Despótico, -ca: La razón sinrazón.
Despotismo: Las leyes del Mercado.
Despotricar: 1. Un mal hábito generalizado. 2. La bilis de la amargura.
Despreciable: El mal gratuito.
Despreciar: El recelo a lo diferente.
Desprecio: Enfermedad del espíritu.
Desprender: La búsqueda de la ligereza.
Desprendido,-da: Persona con un alto nivel de salubridad emocional.
Desprendimiento: Una falsa seguridad.
Despreocupación: La ausencia de la ocupación.
Despreocupado, -da: Los niños.
Despreocuparse: 1. Dejación de la responsabilidad. 2. La sombra alargada de la agonía.
Desprestigiar: Un acto propio de cobardes y mezquinos.
Desprestigio: Una desfiguración de la personalidad.
Desprevenido,-da: El hombre bueno.
Desproporción: La reivindicación de las razones del analfabeto.
Desproporcionado, -da: La manifestación de una mala gestión emocional.
Desproporcionar: Un interés para beneficio propio.
Despropósito: El Estado del Bienestar Social sin derechos sociales garantizados.
Desproveer: Robar el futuro.
Desprovisto, -ta: El hombre desnudo.
Después: Tanto una excusa como un consuelo.
Despuntar: Situarse en el punto de mira de los envidiosos.
Desquiciamiento: La normalización de lo anormal.
Desquiciar: Dinamitar los muros del confort.
Desquitar: Reequilibrar.
Desquite: Cerrar la boca ajena.
Desrabotar: Desnaturalizar la naturaleza.
Desrizar: La culturalización de la infancia.
Destacamento: La punta de la lanza.
Destacar: Una exposición peligrosa.
Destajo: Una versión de la esclavitud.
Destapar: Siempre toda una expectación.
Destartalado: El roce del uso.
Destazar: 1. La mano diestra del carnicero. 2. La desalmanización del animal.
Destellar: El amor apasionado.
Destello: Una idea.
Destemplanza: Vivir fuera del momento presente.
Destemplar: Atacar la chispa vital.
Destemple: La batalla de lo invisible.
Desteñir: Restar posibilidades.
Desternillarse: Una medicina para el alma.
Desterrar: El exilio forzoso de los que quieren permanecer.
Destetar: El minuto uno del sufrimiento humano.
Destete: La sociabilización de un ser animal.
Destiempo: Los mayores de 45 años frente al mercado laboral.
Destierro: A veces, es la única salida digna.
Destilación: Lo que hace la vida con los hombres.
Destilador, -ra: La máquina de hacer dinero.
Destilar: El acto propio de respirar.
Destilería: La sociedad de mercado.
Destinación: Una ruleta.
Destinar: El dedo del poder
Destinatario: En la vida, la muerte.
Destino: 1. Una diosa caprichosa y muchas veces impertinente. 2. Una incógnita siempre impermanente.
Destitución: El final de un capítulo.
Destituir: Reciclar una posición.
Destornillador: El valor de la utilidad.
Destornillar: Un proceso quirúrgico.
Destrabar: Una necesidad diaria para cualquier existencia.
Destral: Un arma de doble intencionalidad.
Destrenzar: Hacerse mujer.
Destreza: Una habilidad tan singular como su protagonista.
Destripar: 1. Un tipo de hambre enloquecido. 2. La huella animal.
Destripaterrones: El reflejo de la insociabilización.
Destronar: Un rol de poderosos.
Destrozador, -ra: El progreso a velocidad supersónica.
Destrozar: Una falta de sensibilidad y de respeto.
Destrozo: Lo que las redes sociales a la imaginación.
Destrucción: La acción del hombre sobre el planeta.
Destructivo, -va: La inconsciencia y la sinrazón.
Destructor,-ra: La creencia de control del hombre.
Destruir: Borrar el tiempo.
Desudar: Ser aséptico.
Desuello: Unidad de medida mental.
Desunión: El triunfo del recelo.
Desunir: La táctica de los listos.
Desusado, -da: La Filosofía, sin ir más lejos.
Desuso: Tristemente, los valores humanistas.
Desvaído, -da: El parado.
Desvainar: Un quehacer de los supermercados.
Desvalido, -da: Persona a quien le han arrebatado su dignidad.
Desvalijar: Un acto ruin propio de los nuevos ricos.
Desvalorizar: El pensar.
Desván: Un baúl de los recuerdos.
Desvanecer: El haber del tiempo.
Desvanecimiento: El fin de una singularidad.
Desvariar: Todos los políticos.
Desvarío: Un mal extendido.
Desvelado, -da: Persona que alarga una agonía.
Desvelar: Los problemas sin resolver.
Desvelo: La consciencia activa.
Desvencijado, -da: La fuerza de consistencia de los años.
Desventaja: La desigualdad de oportunidades.
Desventajoso, -sa: Formarse en una materia que no tiene salida laboral.
Desventura: Situarse fuera del momento justo.
Desventurado,-da: El que busca trabajo sin hallarlo.
Desvergonzado, -da: Un patán.
Desvergonzarse: La práctica de la experiencia.
Desvergüenza: Acusar a alguien de ser pobre.
Desvestir: Quitar el hábito al profesional.
Desviación: Un efecto de reinventarse.
Desviar: (-se) En los jóvenes, un impulso irrefrenable de curiosidad. En los mayores, una causa de fuerza mayor.
Desvío: Un cambio de sentido vital.
Desvirgar: Un acto siempre falto de glamour.
Desvirtuar: La Moral.
Desvivirse: Vivir por y para otros.
Detallar: Levantar acta notarial de una realidad.
Detalle: Un beso sin palabras.
Detallista: Mi mujer.
Detective: un chafardero con licencia.
Detector: Un chivato.
Detención: Asfixiar el espacio.
Detener: La caza del hombre.
Detenidamente: Parar el tiempo.
Detenido, -da: Un culpable tácito.
Detenimiento: Visión unidireccional.
Detentador, -ra: Las multinacionales.
Detentar: Los poderes de facto.
Detergente: El inquisidor de las historias vividas.
Deteriorar: Acto de violencia contra la esencia de algo o alguien.
Deterioro: La manifestación de la dejadez.
Determinación: El rasgo de los valientes.
Determinado,-da: Las circunstancias singulares de cada persona.
Determinante: El contexto socio-cultural.
Determinar: Los padres sobre los hijos y la sociedad sobre los padres.
Determinativo, -va: La inteligencia natural.
Determinismo: El sistema de referencia existencial.
Detestable: La violación.
Detestar: La ignominia sociabilizada.
Detonación: La resistencia superada.
Detonador: El dedo del cobarde o del prudente.
Detonante: Los desequilibrios sociales.
Detonar: Acelerar un proceso de transformación.
Detracción: La acción de la larga crisis económica actual.
Detractar: Propio de hombres mediocres.
Detractor, -ra: Habitualmente, los fundamentalistas.
Detrás: Las vergüenzas propias.
Detrimento: La expulsión forzosa del sistema.
Detrito: La descomposición total de la forma.
Deuda: Una espina clavada que escuece.
Deudor, -ra: Todas las personas, al menos, que viven de rentas del trabajo.
Devanar: Recuerdo de niñez de mi abuela.
Devanear: La práctica normalizada de las relaciones entre los jóvenes de hoy en día.
Devaneo: Yo con mis reflexiones efímeras.
Devastación: El peligro del fin de la humanidad.
Desvastador, -ra: La imprudencia humana.
Devastar: La explotación sin límites de los recursos naturales.
Devoción: Un acto de amor incondicional.
Devocionario: El peligro literal de la trascendencia.
Devolución: Regresar al punto de origen.
Devolver: El derecho a la rectificación.
Devorador, -ra: El hambre de la sobrepoblación mundial.
Devorar: No prever el mañana.
Devoto, -ta: Los consumidores al Mercado.
Deyección: El constipado de la Tierra.
Día: La sincronicidad de un pasado, un presente y un futuro inmediato.
Diabetes: El castigo al placer.
Diabético, -ca: El guerreo de las agujas.
Diablesa: Una mujer poseída por la ambición.
Diablillo: La picardía manifestada.
Diablo: La dualidad del ángel.
Diablura: La niñez explorando los límites del mundo de los adultos.
Diabólico, -ca: El mal gratuito personificado.
Diaconisa: Una huella arqueológica de la supremacía del machismo.
Diácono: Un sacerdote a medio camino entre los placeres mundanos y divinos.
Diadema: El distintivo de la abeja reina.
Diáfano,-na: Un espacio sitiado que respira libertad.
Diafragma: Un acordeón respirado.
Diagnosticar: Iluminar la oscuridad.
Diagnóstico, -ca: La conceptualización de una incógnita.
Diagonal: La línea divisoria entre la Barcelona rica y la Barcelona pobre.


Última entrega: Deshelar / Despilfarrar XXXIª Entrega