lunes, 19 de febrero de 2018

Hoy Leonardo da Vinci no sería contratado por las empresas de selección laboral

Autoretrato, 1513

Me imagino, hoy en día, a un técnico de selección de personal recibiendo el currículum de Leonardo da Vinci como postulante para una oferta de trabajo publicada en Linkedin, Infojobs, o mediante un portal de renombre de headhunting cualquiera. Su desconcierto sería superlativo al leer que Da Vinci tiene experencia como pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista. Tras el asombro inicial, aunque la oferta laboral se circunscribiera a alguna de estas actividades profesionales, el técnico de recursos humanos rechazaría la candidatura de Leonardo da Vinci por “disperso”. Y lo mismo sucedería si, con suerte, da Vinci consiguiera superar el filtro de los emails y plataformas web y accediera a una entrevista de trabajo personal (no virtual). Tras la entrevista, amena y cordial eso sí, el entrevistador concluiría con el mismo dictamen: -No lo tiene fácil. Su problema es que tiene un currículum disperso. Y tras una pausa, proseguiría: -Eso sin contar que su edad, que ya pasa de los cuarenta, es un claro inconveniente.

Sí, en plena Cuarta Era de la Revolución Industrial marcada por la robótica y la Inteligencia Artificial, el hombre renacentista ha muerto por falta de encaje en la sociedad de mercado actual. En estos tiempos, un polímata como Leonardo da Vinci está descalificado (y descatalogado) bajo los parámetros de la especialización profesional. Unos parámetros erróneamente establecidos por las coordenadas de monoactividad laboral y sostenibilidad temporal de dicha exclusividad, cuyo principio limita el potencial de la naturaleza del ser humano. Por lo que cualquier realidad humana que no pueda catalogarse bajo una sola definición profesional se considera una propuesta dispersa y, por tanto, sin encaje verificable apriorísticamente.

Dejando de lado la excepcional genialidad de Leonardo da Vinci, lo cierto es que existen personas monoactivas y personas poliactivas. Las primeras se caracterizan porque se desarrollan y especializan en una sola actividad como hilo conductor a lo largo de su vida, con independencia de las variables que pueda mostrar su sector profesional. Mientras que las segundas se caracterizan porque se desarrollan y especializan en más de una actividad a lo largo de su vida, abarcando diversos sectores profesionales. Y son los diferentes tiempos de la humanidad quienes premian uno u otro tipo de persona, pues si bien los poliactivos estaban altamente considerados en el Renacimiento (XV) o la Ilustración (XVIII), son ahora los monoactivos los que están revalorizados en este siglo XXI de marcado carácter tecnológico. Con toda probabilidad, el cambio de consideración en la valorización profesional de una persona encuentre su causa raíz en la primera Revolución Industrial, a partir de la cual hemos asumido socialmente como modelo de ideal profesional el arquetipo robótico como productor especializado de una tarea concreta, en detrimento de las propias capacidades humanistas del ser humano. En otras palabras, no solo vamos camino de construir una sociedad robotizada, sino que nos empeñamos en robotizar a los trabajadores, entendiendo robotización como el desempeño especializado de una actividad específica dentro de un engranaje económico-social al que llamamos Mercado. Fuera de ello, entramos en un espacio desconocido donde solo cabe el desconcierto, la dispersión y la descatalogación. Una percepción que, a todas luces, empobrece al conjunto de la humanidad como especie.

Retomando el ejemplo de Leonardo da Vinci, el hecho que su poliactividad pueda desconcertar al mercado de selección laboral contemporáneo, hasta el punto de descartarle como posible ofertante de un puesto de trabajo concreto, muestra una limitada capacidad por parte del sector profesional de los Recursos Humanos, y por extensión del colectivo empresarial. Ya que cuando estamos descartando a una persona poliactiva significa que no observamos conexión lógica entre las diversas actividades desarrolladas (dispersión), allí donde sí que existe. Pues, ¿qué relación puede haber, volviendo al caso de Da Vinci, entre el ingeniero y el anatomista, o entre el pintor y el inventor, o entre el urbanista y el botánico, o entre el filósofo y el científico? A primera vista se trata de actividades profesionales dispares en materia y especialización por parte de una sola persona. Desde un enfoque de competencias profesionales (trabajos) no existe conexión lógica entre sí, pero desde un enfoque de habilidades personales el patrón se muestra con toda claridad: la naturaleza común de la poliactividad del polímata renacentista reside en su habilidad de la creatividad, la habilidad de la gestión de sus inteligencias múltiples (intrapersonal, matemática-lingüística, visual-espacial, etc), la habilidad del pensamiento computacional, la habilidad del management, la habilidad de la motivación, entre otras. Un conjunto de habilidades personales (unos innatos y otros aprehendidos) que como nodos de conexión interconectados entre sí dibujan el patrón profesional potencial de la persona a lo largo de su currcículum vital. Resumiendo, la ceguera de los procesos de selección de personal actual frente a los poliactivos es que se centran en las competencias profesionales de moda, y no en las habilidades potenciales de las personas. Un hecho irónico, y de corto recorrido, si tenemos en cuenta que si algo hay de volátil en nuestra sociedad en continuo cambio y transformación es justamente las competencias profesionales (que se modifican en una media de cada cinco años).

-Sí, quizás nos falta conocimiento en materia de habilidades -Responde el técnico de selección de personal, tras haber escuchado pacientemente-. Pero aún así, Sr. Da Vinci, tiene más de 40 años y esto representa un problema. Nos guardamos su currículum y si surge una oferta que encaje con su perfil ya le llamaremos. Gracias por su interés.

En una sociedad donde se está planteando cambiar la jubilación hasta los 75 años, el tener más de 40 es una discriminación laboral negativa. Paradojas de nuestro tiempo. Quizás habrá que prejubilar a los 40 años, aunque este es tema para otra reflexión.


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martes, 6 de febrero de 2018

El movimiento automático de la Vida, reducto de esperanza de la inacción del hombre

Pensamos que la existencia es acción, la acción imperativa e irrenunciable de la decisión continua en cada instante de nuestra vida, por lo que conscientemente nos accionamos en un movimiento perenne a lo largo de cada nuevo día, con independencia que dicho movimiento disponga de voluntad u objetivo definido más allá de la realización de la propia acción. Tanto es así que concebimos la existencia como un movimiento perenne (de encadenadas acciones sucesivas) por antonomasia.

Pero por encima del movimiento perenne consciente que accionamos diariamente por imperativo existencial, como reacción natural a los retos de una vida humana llena de necesidades, deberes y obligaciones propios de cada tiempo, existe un movimiento mayor de naturaleza automática que persiste eternamente aunque nos neguemos a accionar cualquier movimiento de manera consciente. Un movimiento con el que no vamos, sino que nos lleva. Equiparable al movimiento automático de la mecánica de nuestro organismo celular o a la mecánica celeste del cósmos, que persiste aun cuando conscientemente queremos o nos vemos obligados a permanecer en estado inmóvil e inactivos con nosotros mismos y frente a la realidad más inmediata que nos rodea.

Así es, aun posicionándonos en la voluntad de estar inmóviles, nos movemos sin remedio en modo automático. Puesto que la Vida, en el sentido más amplio de su concepto, no es acción, sino flujo. La acción como movimiento perenne de la existencia es de naturaleza humana, mientras que el flujo como movimiento automático de la existencia es de naturaleza suprahumana. La acción como movimiento perenne humano viene determinado por las coordenadas de la voluntad y el espacio-tiempo individual y social, mientras que el flujo como movimiento automático suprahumano es una entelequia (la finalidad o sentido concreto de todo lo que engloba está ya incluido en su fin) constante, de carácter atemporal e impermanente.

Es por ello que aunque, en algunas ocasiones, el movimiento en nuestra existencia mortal pueda parecer inexistente, por omisión deliberada o impositiva de cualquier manifestación de acción -siendo esta acción del movimiento perenne una creación de la mente humana-, la Vida siempre nos sorprende en su flujo continuo, alterando nuestro espacio-temporal personal y afectando directamente a la redefinición, o mejor dicho actualización, de nuestra voluntad individual mediante su movimiento automático suprahumano. Pues todo, seres humanos incluidos, estamos sometidos al imperio del principio de impermanencia del flujo de la Vida. Y pretender entender -ilusos de nosotros- dicho movimiento automático de la Vida es equiparable a pretender entender la Consciencia Creadora del Todo.

Sí, la Vida en su fluir es un misterio que trasciende la limitada mente humana como una bendición, pues llena los espacios vacíos por la inacción en la vida cotidiana del hombre, que en muchas ocasiones se siente perdido y sin rumbo ni dirección, con el flujo mágico de su entelequia constante, atemporal e impermanete. Allí donde el hombre se para, la Vida manifiesta la fuerza irrefrenable de su movimiento sin necesidad de acción previa, mediante un flujo apriorístico que no entiende de condicionantes humanos.

A pesar de ello, los hombres continuamos empeñados en encontrar el camino de la acción como movimiento perenne, en un intento de dar sentido, valor y control a nuestras vidas mundanas mediante el accionamiento constante de una existencia consciente. Pues está en nuestra naturaleza el impulso irrefrenable de emular la perfección del flujo de la Vida a través de una subcreación que denominamos realidad humana. Y en nuestro intento imperfecto de ser perfectos, el flujo del movimiento automático de la Vida siempre supera y ampara nuestras limitadas y poco imaginativas acciones de un movimiento perenne existencial, gracias al cual renovamos nuestros votos de esperanza vital como personas, a título individual, y como sociedad, a título colectivo. Sí, aun cuando parece que nuestra vida está parada y estancada, siempre nos queda el fluir del movimiento automático de la Vida. Y, en este punto, lo más inteligente es dejar de empujar hacia ninguna parte para dejarse fluir, y en este fluir volver a Ser más allá de toda acción, hasta que el flujo accione un nuevo Hacer.


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jueves, 1 de febrero de 2018

Cuando la Moral se impone a los Valores Universales la humanidad siempre pierde

“Una galería de Manchester retira un cuadro de ninfas desnudas”, con este titular la prensa internacional publica hoy la retirada de la obra pictórica “Hylas y las ninfas” de John William Waterhouse de la sala “En busca de la belleza” de la Galería de Arte de Manchester, donde se exponen pinturas del siglo XIX en las que domina el desnudo femenino. La razón de la decisión: la concepción contemporánea de proteger una posible cosificación de la mujer. Como bien apunta Teresa, mi pareja, “cualquier ideología debería respetar el marco del arte como espacio de libre expresión y desde luego tener en cuenta el momento en que fue creado para comprender su contexto”. En caso contrario, y siguiendo la política de Manchester, museos como el parisino del Louvre debería retirar desnudos femeninos con categoría de patrimonio de la humanidad como la “Hermafrodita dormida” de Bernini (1619), la “Venus de Milo” de autor griego desconocido (130-100 a.C.), o “las Tres Gracias” de Cordier (1609), por poner algunos ejemplos.

Disparates a parte, la noticia manifiesta una clara tensión entre Moral y Valores, imponiendo la moral a los valores, cuando debería ser al revés. Es decir, lo temporal que es la moral se impone en nuestros tiempos a lo atemporal de los valores universales, en un claro ejemplo de lo despistada y perdida que está nuestra sociedad en continuo cambio y distorsión del orden natural de las cosas.

La decisión de la galería de arte es, stricto sensu, una decisión moral. Pero, ¿qué es la moral?: un conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para juzgar el comportamiento humano en una sociedad, y por tanto toda moral está sujeta al contexto histórico-temporal de la sociedad en la que se desarrolla. Es decir, la naturaleza de la moral es temporal y a posteriori a la esencia de la vida humana.

No obstante, ¿cuáles son los valores rectores y estructurales que inspiran a la moral?, entendiendo valor como cualidad de un sujeto u objeto agregado a sus características que le confieren una estimación negativa o positiva, ya sea a nivel individual o social. La respuesta es: los Valores Universales, arquetipos de ideas primogénitas e innatas que constituyen la esencia de la vida humana y que permiten orientar el comportamiento de las personas como individuos, con independencia de la sociedad de cada momento, hacia niveles de trascendencia de nuestra propia especie. Es decir, la naturaleza de los valores universales es atemporal o universal y a priori a la esencia de la vida humana. Valores Universales, entre otros, son la libertad, la justicia, el amor, la bondad o la belleza.

Por tanto, en el caso prestado como ejemplo de la galería de arte, la Moral temporal se ha impuesto a un Valor Universal como la Belleza de carácter atemporal y apriorístico, cuando son los Valores Universales como ideas arquetípicas innatas del ser humano del que emana la Moral de profundo carácter social, y no al revés. Un debate objeto de estudio propio de la Ética, quien estudia el bien y el mal, lo correcto e incorrecto, y sus relaciones con la Moral (emanada de los Valores Universales) y el comportamiento humano.

En este sentido, desde un enfoque filosófico de la Ética, la decisión de la galería de arte es una aberración. No obstante, ¿por qué se ha llegado a esta decisión?. Personalmente no creo que la motivación venga causada por una decisión consciente y deliberada sobre un debate entre Moral y Valores Universales, sino por una clara confusión -por desconocimiento de causa, aunque ello no exime de responsabilidad- entre el Valor Universal de la Belleza y el valor como enjuiciamiento moral de desaprobación social del concepto de cosificación de la mujer como persona. Un debate que, a todas luces, no presenta el bellísimo cuadro de “Hylas y las ninfas”.

El debate ético de la cosificación de la mujer, tan explotado por la cultura hedonista del consumismo, debe circunscribirse dentro del principio inspirador de los Valores Universales arquetípicos del Respecto y la Igualdad, y no en el de la Belleza. Un debate de rabiosa actualidad que ha llevado, coincidiendo en el tiempo con el incidente de Manchester, a la industria de Fórmula 1 a prescindir de las azafatas como parte del espectáculo por “desacuerdo con las normas sociales actuales”, y que se prevé ampliar a otras disciplinas del deporte. Una tendencia que tarde o temprano, como proceso natural de la evolución del ser humano, deberá incidir positivamente en las técnicas de marketing en su vasta expresión. Particularmente, respecto a programas televisivos se refiere, comenzaría por dignificar el contenido y continente (o sea, todo) de “Mujeres y Hombres y Viceversa”, que no solo cosifica a la mujer sino también al hombre y representa un verdadero atentado contra la moral de una sociedad saludable, constructiva y evolucionada.

Mientras tanto, el tema que nos ocupa nos pone de relieve la urgente necesidad de implantar la Ética como asignatura filosófica transversal en los centros educativos, pues sin Ética las personas somos como hormigas sin antenas, capaces de aberraciones inconscientes tales como el atentado a la Razón que supone el caso de la galería de arte de Manchester, o de la distorsión de los valores morales que exponen ciertos programas televisivos para consumo (y desarrollo) de jóvenes y adultos. Y es que si prescindimos de los Valores Universales como principios rectores inspiradores de la Moral temporal podremos continuar evolucionando como especie, sin lugar a dudas, pero perderemos la esencia de nuestra maravillosa humanidad.



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miércoles, 31 de enero de 2018

Árbol Genealógico Filosófico Personal (De la 29ª hasta la 34ª y última línea generacional de pensamiento)

Última entrega del Árbol Genealógico Filosófico Personal que comencé con el inicio de este año, en la búsqueda del genoma de mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, que corresponde con las líneas generacionales de la 29ª a la 34ª de mi herencia filosófica personal del Siglo XX, al menos hasta 1971 como fecha máxima de fallecimiento de pensadores y en concordancia con mi propio año de nacimiento.

V.-FAMILIA GENEALÓGICA DE PENSAMIENTO DEL SIGLO XX 
Hasta 1971 como año máximo de fallecimiento de pensadores y en concordancia con la fecha de mi nacimiento.
(De la 29ª a la 34ª línea generacional de mi árbol de pensamiento personal)

29ª-Linaje genealógico de Bergson

En la veintinovena línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el genoma de la filosofía de la vida o vitalismo de Bergson con su impulso vital (élan vital) como expresión del “Ser”, quien marca la idea en mi estructura de pensamiento personal de que para apreciar debidamente la vida no basta el pensar científico-matemático (ya que éste es siempre mecánico, esquemático y analítico), sino que para la vida necesitamos la intuición y su mirada al todo, con fineza de comprensión para poder vivir lo interior, único e intransferible; como también necesitamos conocer la libertad para avanzar más allá de lo mecánico y poder estimar en su debido valor la espontaneidad, ya que donde hay espontaneidad y libertad también hay alma y consciencia de sí. El genoma vitalista de Bergson deja la huella de pensamiento en mi código genético personal de que si ser es vida, y vida es alma y consciencia, entonces el ser en cuanto tal es consciencia, pero no solo consciencia pensante, sino consciencia que es vivencia, impulso, duración, libertad, invención, energía y dinámica creadora.

30ª-Linaje genealógico de la Fenomenología

En la treinteava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya la influencia de la fenomenología, si bien soy consciente que más que filosofía es solo un método para saber y descubrir la condición misma de las cosas, de verlas, describirlas y presentarlas de forma convincente. Este genoma cuenta con la marca de Husserl en la estructura de mi pensamiento personal que me permite entender que las esencias se intuyen mediante una reducción fenomenológica que despeja lo accesorio, lo meramente factual, para aferrar lo esencial, pero no solo en sentido universal, sino como la ideación valedera en sí misma que posee un ser objetivo, intelectual y pensable. Un genoma que se complementa con la marca genética, asimismo, de Scheler que me permite entender que si uno contempla lo absoluto, no lo contempla en sí, sino que contempla su propio pensar de lo absoluto, pero no lo absoluto, sino el suyo. Y que, conforme al gen scheleriano, los valores son entidades, aunque no lo sean más que en las cualidades de nuestros actos, pero que como entidades son necesarios y a la vez son fines a priori de nuestro obrar moral; y que no tienen necesidad de ningún precepto obligatorio sino que en sí mismos son algo que idealmente debe ser, que espera ser realizado por el obrar humano, de lo que se concluye que las personas no “son”, sino que “se hacen”.

31ª-Linaje genealógico de Whitehead

En la treintaunava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya el idealrealismo de Whitehead que marca la estructura de mi pensamiento personal sobre la idea de que en realidad todo está orgánicamente tratado, y cada esencia real existente “siente” las demás, pero que es el pensamiento quien lo disgrega todo dividiéndolo en partes que luego se consideran autónomas, por lo que la sensibilidad es el camino para reconocer lo otro y el todo, el camino para llegar a la realidad. Pues la experiencia del mundo es posible mediante los llamados objetos eternos, que nos permiten leer en el dato sensible -como reminiscencia de las ideas platónicas-, pero estos objetos eternos solo son posibilidades, pues necesitan del medio de lo real para manifestarse, pero al mismo tiempo son ellos también los que hacen posible lo real, ya que lo real es por lo ideal y lo ideal no puede existir sin lo real.

32ª-Linaje genealógico de Hartmann

En la treintadosava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro el genoma de la ontología fenomenalista de Hartman que marca la estructura de mi pensamiento personal con la idea de que el conocimiento no es una producción de objetos, sino la captación de algo que existe anteriormente a nuestro conocimiento y es independiente de él, por lo que todo conocimiento es siempre un extenderse más allá de uno mismo (trascendencia gnoseológica). El genoma de Hartmann introduce en mi genética pensante que cuando arrancamos nuestros conceptos al reino de los seres, éstos conceptos siempre son hipotéticos, puesto que -al igual que en las ciencias naturales- solo nos acercamos al ser mediante ciertas hipótesis y de esta manera lo describimos, lo calculamos y lo predecimos, debiendo luego quedar a la expectativa de si se verifica o no nuestra “ciencia”; puesto que fuera de esto, queda todavía un considerable residuo no conocido, de modo que no tenemos la menor razón de identificar el ser con lo verdadero. De igual manera, del gen hartmanniano viene mi concepción -evolucionada desde Platón-, que los valores son a priori y tienen un ser en sí, siendo impotentes por aguardar su realización por parte del hombre, para el que significa un deber ser ideal, pero que no le obliga, sino que lo deja completamente libre, con lo cual asegura su autonomía.

33ª-Linaje genealógico de Jaspers

En la treintatresava línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal se haya el existencialismo alemán de Jaspers en mi estructura de pensamiento personal, bajo la máxima de que “la existencia solo se esclarece con la razón, y la razón solo tiene contenido con la existencia”, pues razón y existencia son los dos grandes polos de la vida, siendo la existencia una sintonía de vida y espíritu. Este genoma jaspersiano condiciona mi concepción de que el esclarecimiento de la existencia es más bien como un llamamiento a las posibilidades de uno mismo, en un constante poner en juego las tensiones entre espíritu y vida, con lo cual estas posibilidades van continuamente esclareciéndose y fortaleciéndose para llegar a descubrir lo mejor que dormita en ellas. Un genoma filosófico jaspersiano que marca mi estructura pensante sobre la exigencia de que el hombre no debe asentarse nunca en ninguna parte, sino que esté siempre en camino, abierto a todo, aspirando por tanto a una comunicación absoluta, puesto que “se trata de romper esa configuración que va estableciéndose como algo definitivo, de dominar en su relatividad todos los puntos de vista concebibles”. Un gen existencialista alemán que me marca en la idea de que el fracaso es el que principalmente nos lleva adelante, pues en él experimentamos la fragilidad relativa del mundo, ya que todo lo que nos sale al paso, todo lo que nos sucede es solo símbolo y cifra, nada es la realidad y la verdad misma, y que solo es este seguir hacia adelante se manifiesta la trascendencia como posibilidad de las posibilidades, como el “movimiento de una lógica filosófica”.

34ª-Linaje genealógico de Ortega y Gasset

En la treintacuatroava y última línea generacional de mi árbol genealógico filosófico personal encuentro, con especial estimación, el raciovitalismo (Perspectivismo y Razón Vital) de Ortega y Gasset, quien marca en mi estructura de pensamiento personal la idea de que todo contenido de consciencia es, por definición, fragmentario, y no sirve para ofrecer el sentido del mundo y de la existencia, solo de aproximarnos a ésta a través de la filosofía, puesto que “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, siendo la realidad circundante la que “forma la otra mitad de mi persona”; por lo que la verdad absoluta, omnímoda, puede ser la suma de las perspectivas individuales o de éstas más una parte fuera de la perspectiva (no vista), que, por eso mismo, son parcialmente verdaderas. Asimismo, el gen gassetiano marca de manera especial y remarcada en mi genoma pensante la concepción negativa de la figura atemporal del “hombre-masa”.

Con ésta última entrega completo los treinta y cuatro linajes geanológicos filosóficos de los que soy descendiente directo y que definen mi pensamiento contradictorio por humano, profundamente humano, que determinan la naturaleza evolutiva de mi propia evolución filosófica en vida. Y es que, al final, no podemos dejar de ser en esencia lo que somos.




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martes, 30 de enero de 2018

El trilema de Fuigdemont

El trilema de Fuigdemont (1) señala que es imposible conseguir al mismo tiempo el Nacionalismo Secesionista (2), la Democracia Liberal (3) y el Estado de Bienestar Social (4). Las tres opciones son incompatibles de manera simultánea, ya que obtener una impide complementar las otras, por lo que solo se puede hacer una combinación de dos de ellas. De esta manera, las opciones de combinaciones válidas se limitan a tres:

Optar por combinar el Nacionalismo Secesionista con la Democracia Liberal representa sacrificar parte del Estado de Bienestar Social. Puesto que el Estado de Bienestar Social se sustenta mediante una economía de escala dentro de la estructura de recursos del conjunto del Estado, así como se nutre de la economía de Mercado cuya base de desarrollo es la estabilidad política, principio que se ve quebrado por el desequilibrio provocado entre poder político (con incerteza jurídica incluida) y poder económico. (El desequilibrio entre Política y Economía genera desequilibrio entre Política y Sociedad, y éste, asimismo, desequilibrios dentro de la propia Sociedad).

Optar por combinar el Nacionalismo Secesionista con el Estado de Bienestar Social va en detrimento de la Democracia Liberal. Puesto que el secesionismo nacionalista implica, por antonomasia, la quita de garantías de derechos y libertades adquiridos de individuos y colectivos no nacionalistas secesionistas en relación a su prestación de derechos sociales.

Mientras que optar por combinar Democracia Liberal con Estado de Bienestar Social implica menguar el Nacionalismo Secesionista. Puesto que la Democracia Liberal y el Estado de Bienestar Social de corte occidental y europeista se fundamentan y desarrollan sobre los principios rectores de un mundo globalizado (en el marco de un capitalismo democrático y una organización política internacional propia del siglo XXI) donde los secesionismos tiene poco o nulo encaje.

Así pues, conforme a la presente trilogía de Fuigdemont, las opciones de Nacionalismo Secesionista, Democracia Liberal y Estado de Bienestar Social representan un trilema ya que es imposible tenerlas todas al mismo tiempo (son incompatibles), por lo que los políticos y los ciudadanos de razón nos vemos obligados a escoger dos de ellas. ¿La mejor opción?, sin duda la combinación entre Democracia Liberal y Estado de Bienestar Social. A quien tenga oídos que oiga, y si no, que al menos se asome a la ventana y mire (pues ver requiere su tiempo) la realidad.



(1) Fuigdemont: síntesis del concepto de estado de fuga o huido de la justicia, con el nombre propio de Puigdemont (político catalán, 2018)
(2) Nacionalismo Secesionista: ideología nacionalista que desea secesionarse de una parte del territorio de su Estado natural e histórico propio, versus el nacionalismo independentista que representa la segregación de una colonia acorde a Derecho Internacional.
(3) Democracia Liberal: forma de gobierno de democracia representativa occidental, sujeta al Estado de Derecho y moderada por una constitución que proteje los derechos y libertades individuales y colectivos
(4) Estado de Bienestar Social: modelo de Estado y organización social europeo que provee de servicios y derechos sociales a sus ciudadanos de derecho


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domingo, 28 de enero de 2018

"Manual de la Persona Feliz", Tecnología Mental para una buena salud Emocional

Si preguntásemos a todas las personas del mundo, con independencia de culturas y épocas históricas, ¿qué buscan o quieren en la vida?, la respuesta siempre sería la misma: ser felices. Una constante universal que emana de la propia esencia innata de la naturaleza humana. En lo que diferiríamos, en cambio, es en los medios para conseguirla, una selección opcional de medios que vienen determinados por el peso de los tiempos culturales habidos y por haber en cada periodo de la historia de la humanidad.
No obstante, con independencia de los medios que elijamos para alcanzar el bien preciado de una vida feliz, en cualquiera de las fracciones temporales a lo largo del continuo evolutivo de nuestra especie, el hombre siempre debe enfrentarse a los retos llenos de contradicciones, opuestos e incluso obstáculos que le depara la experiencia de una vida cotidiana en un mundo tan bello y fascinante como imperfecto e injusto, que hacen de la consecución de una vida feliz una tarea heroica.
Si bien, en los tiempos contemporáneos, se impone que el estadio de una vida personal feliz se consigue mediante la rendición y control del mundo exterior a nuestra voluntad (para beneficio de lo que conocemos como cultura hedonista de la economía de Mercado) en una agotadora lucha sin tregua de recursos siempre insuficientes, la presente obra se enfoca a la inversa: controlar y gestionar nuestro mundo psicoemocional individual (emociones, pensamientos y sentimientos) para conseguir el estadio de la felicidad personal frente a los continuos retos que nos depara el mudo exterior en el que nos toca vivir. En otras palabras, dejamos de buscar la felicidad efímera del mundo exterior que se proyecte sobre nuestro yo interior, para buscar una felicidad afianzada en nuestro yo interior que se proyecte sobre el mundo exterior.

En esta línea, el pequeño pero práctico Manual de la Persona Feliz, que puedes descargar gratuitamente, consta de tres partes nucleares: Descubrir, Conocer, e Integrar cómo funciona la naturaleza emocional, y con ella las prácticas y técnicas esenciales que nos permitan convertirnos en una Persona Feliz. Pues al final, en la vida no hay autorrealización sin felicidad personal, ni felicidad personal sin autorrealización personal, siendo la gestión emocional la piedra angular de la felicidad, pues ésta no es más ni menos que un estado de consciencia.

FICHA TÉCNICA
Manual de la Persona Feliz
Jesús A. Mármol
Desarrollo Personal
Obra Abierta. ebook, 2018.
Enlace Descarga



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sábado, 27 de enero de 2018

Decálogo del Buen Filósofo

1.-Piensa para poder respirar, y si te ahogas piensa críticamente.

2.-Deconstruye el mundo para encontrar tu propio encaje en él.

3.-Relativiza el absolutismo y absolutiza el relativismo en el viaje hacia tu mismidad.

4.-Muéstrate escandalosamente inútil frente a la productividad ciega.

5.-Filosofa como terapia personal para una buena salud psicoemocional.

6.-Cultiva la sensibilidad, del logos y la estética, como camino hacia la trascendencia personal.

7.-Cuídate de dogmatizar el pensamiento ajeno, pues los dogmas atentan contra la libertad y evolución del pensamiento.

8.-Sé metafísico y empirista en tu vida, pues así es la naturaleza cognitiva dual del hombre.

9.-Practica lo que teorizas y teoriza lo que practicas, olvidando a cada nuevo día lo teorizado y practicado, para volver a practicar una nueva teoría y teorizar una nueva práctica en un mundo impermanente.

10.-Y no te tomes en serio todo lo que filosofes, pues al final no eres más que un ser humano cautivo en un espacio-temporal humano, profundamente humano.

El Filósofo Efímero
En un lugar del Mediterráneo, a 27 de enero de 2018



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